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Una condenada insensatez

3 noviembre 2020
Una puñetera locura

Sí, eso, ‘una condenada locura’ es lo que tiene dicho últimamente Felipe González cuando procura explicar lo que comprende por este estado de alarma de 6 meses que chistosamente nos han regalado. El abuelo cebolleta al que prácticamente absolutamente nadie escucha en un partido en el que milita mas, eso afirma, ya no le representa. 

Si frente a los altercados y saqueos que vemos en Logroño, Burgos y otras unas partes de España el señor de la Moncloa pone un tweet en el que habla de “responsabilidad, unidad  y sacrificio”. Sí, lo han leído bien, lo ha escrito el presidente del Gobierno, que quizás no deba saber quién es ese Sánchez que habla de responsabilidad, unidad y sacrificio.  

Si, como asegura la prosista neoyorkina Cyntia Ozick, el auténtico inconveniente no es lo que ocurre, sino más bien lo que no sucede.

Si Pablo Casado, ese hombre de mirada limpia que cazcalea y cazcalea para distraer a los suyos y a quienes pueden serlo. Si  se abstiene frente al estado de alarma de 6 meses y consagra de esta forma su incapacidad para distinguir la equidistancia de la imparcialidad. 

Otros presidentes europeos

Si hay ya en España más de un millón españoles contagiados y los cargantes de los científicos que, con nombres y apellidos, dan la cara en la radio y la T.V. comienzan a charlar de un nuevo colapso en las UCIs.

Si llenamos las terrazas y creemos que lo que deba pasar que pase, e ignoramos que llegan las Navidades más tristes de nuestra vida. ¡Camarero, esta ronda es mía!

Si se ha sentido extraño esta mañana por el hecho de que ha soñado que era francés o bien tal vez alemán.  Si siente envidia -de la buena y de la mala-, por el hecho de que Macron y Merkel charlan a su pueblo con el respeto que merecen las personas adultas.

Si no sabe qué cosa es sentir que la nave que zozobra tenga un conduzco que la maneja, si bien no haya escogido a ese conduzco que lee las cartas y maneja el timón.

Seis meses sin Parlamento

Si no le han dicho aún que debe prepararse para una nueva reclusión domiciliaria que el Gobierno despachará con un nuevo decreto y que un Congreso lleno de rábulas, pastueños y bobos, va a apoyar al lado de una nueva abstención del Partido Popular. 

Si no sabe, si no le han contado; si le da lo mismo que vivirá durante 6 meses en un periodo de excepcionalidad constitucional en el que el Parlamento de España va a dejar de existir, supervisar y legislar.

Si ante su mirada, agotada y tal vez consentidora, han y hemos transformado España en una especie de palé de políticos chovinistas y bromistas, cada uno de ellos con su forma y forma de comprender el virus, exactamente el mismo que nos mata y enferma en Bilbao que Ceuta; en Valdemoro que en Huete.

Si una situación como esta halla alivio -¿informativo?- en las televisiones a base de programas zafios cuya ordinariez sostiene a millones de personas en frente de la pantalla, bien se trate del lío de faldas de un conocido ágrafo y paleto, bien frente a las lágrimas de esa chavala que llaman la viuda negra de Patraix. Teles que no enseñan un ataúd, una familia destrozada, la pena y el desastre que trae el coronavirus. Si tal vez enseñar lo que ocurre y pasa ya no es periodismo… 

Horizonte económico

Si a la sociedad de España la han catalanizado hasta la extenuación y comenzamos a eludir la política en hablas y sobremesas. ¡Lo lograron!

Si el país se marcha por el sumidero, camino de la mierda y la ruina, frente a la seria mirada de ese hombre de cálculos que vive en La Moncloa; ese que se ha instalado en la más nublosa ilegalidad al delegar el estado de alarma en las autonomías, mas tal vez piensa que cosas de esta forma son propias de los tertulianos, básicamente fascistas y de derechas que por tantos sitios predican.   

Si el último informe del Banco de España asevera, con su frecuente prosa fría y distante, que van a hacer falta grandes sacrificios para regresar a la etapa precedente a la pandemia, mas piensa que van a ser otros los que deberán hacerlo y no que tiene trabajo, casa, coche…Una situación. 

Aquellos que afirman dedicarse a la política aprovechan para tocarse los salarios en tiempos de Ertes, desempelo, rebajas salariales, despidos

Si no sabemos qué es mejor, que Sánchez haga o bien deje de hacer, que afirmaba Pascal, y acostumbra a rememorar Luis Landero, que todos y cada uno de los males del hombre vienen por el hecho de que no sabe estarse quieto.

Si la trapacería es la regla, y aquellos que afirman dedicarse a la política aprovechan para tocarse los salarios en tiempos de Ertes, desempleo, rebajas salariales y despidos cubiertos o bien enmascarados.

Si un César despótico le rige y no lo sabe; si este Pedro Navaja nuestro que se mueve ante nosotros “con ese tumbao que tienen los guapos al caminar” tiene por delante 6 meses con los tribunales de perfil, mas piensa que son exageraciones, y en cualquier caso no hay mal que por bien no venga. 

Si, si bien ya absolutamente nadie lea a Unamuno,  está hasta las narices de los “hunos y los hotros”.

Si la confusión es tan grande que ha descubierto que tiene más fe en Europa que en España, su país, su patria, nación, que eso depende del día, vaya. 

Si la radio le habla de la movilidad limitada y no desea enterarse de que eso es un toque de queda en toda regla

Si escucha la palabra “cogobernanza” y prosigue dando sorbitos al vino que le han puesto en la mesa; si la radio le habla de la movilidad limitada y no desea enterarse de que eso es un toque de queda en toda regla.

Si llegado a este punto; si ha logrado llegar hasta el final sin interrogarse y preguntarse por mismo. Si me hiciese caso y sacara de su estantería el oxidado diccionario de la Real Academia Española, y va a la letra “C”, y busca la palabra Ciudadano, y lee: Persona considerada como miembro activo de un Estado. Persona titular de derechos políticos y sometida a sus leyes.

Y si después se marcha a la “S” y pasa las páginas hasta localizar la entrada “Súbdito”, y lee: Sujeto a la autoridad de un superior con obligación de obedecerle. 

Un golpe de tristeza

Y si después no ha sentido de qué forma le recorre un escalofrío de la cabeza a la punta de su pie, entonces quede apacible y en paz. Nunca como ahora tuvo lo que mereció. No es una crítica, solo un golpe de tristeza y desesperación.  

Pero recuerde de nuevo que el auténtico inconveniente no es lo que ocurre, sino más bien lo que no sucede.  Que sea una prosista y aparte de Nueva York quien lo afirme es lo de menos tratándose de la verdad. Precisamente de eso. Y de solamente.  

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