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“Una peineta en toda regla a los de la barretina”

13 septiembre 2020
“Una peineta en toda regla a los de la barretina”

El sueño de Isidro Fainé hecho realidad. Tres veces ha intentado el tycoon catalán engullirse al pez gordito madrileño. Primero proponiendo la operación La Caixa-Caja Madrid en 2012, Gobierno Rajoy, que frustró la presencia de Rodrigo Rato en escena. Un Rato Figaredo no podía admitir figurar a la sombra de un Fainé Casas. Eso, y las ansias de fortuna de un hombre que había hecho millonarios a sus amigos con la privatización de los monopolios públicos que prosiguió al triunfo de Aznar en 1996 y que tras regresar con el rabo entre las piernas del Fondo Monetario Internacional se planteó volverse rico. En consecuencia, optó por fusionar Caja Madrid con Bancaja para hacer algo too big to fail, y lo que estuvo en un tris de quebrar fue España entera, al punto de obligar a emplear 22.000 millones para sanear la resultante, Bankia. La segunda estuvo asimismo cerca de concretarse en el último Gobierno Rajoy, Luis de Guindos en Economía. Se charló a fines de 2017 para realizarla en 2018. El inerme Rajoy dio su visto bueno, mas la salida del Gobierno de Guindos, la entrada de un ministro nuevo, y sobre todo la petición de censura del 31 de mayo dieron al garete con el proyecto.    

A la tercera ha ido la vencida. Había que hacer algo con el “marrón” de Bankia, un banco que no gana dinero en un ambiente de géneros de interés muy negativo para todo el ámbito. Una entidad a la que has conectado miles y miles de millones que se perderán en su mayor parte y que se ha transformado en una patata caliente para cualquier Gobierno, particularmente para el que encabeza Sánchez, con un asociado neocomunista cuyos sueños húmedos estatistas lubrifica la creación de una banca pública. ¿Un banco público perdiendo dinero dentro de la Unión Europea, con una autoridad bancaria única? Difícil saber quién ha pensado en estas cosas en un Ejecutivo como el que encabeza Pedro, si bien acertará quien afirme que, por una vez, la razón y la necesidad de dar solución a un inconveniente que conminaba con explotar más pronto que tarde se han impuesto acá a otros intereses, situación de la que era muy consciente un BCE –donde Guindos oficia como vicepresidente- que lleva tiempo metiendo presión, y en lo que coincidían Banco de España, FROB, accionista mayoritario de Bankia, y el propio Goirigolzarri, su presidente, y que, por suerte, ha encontrado en Nadia Calvino a la leal funcionaria de Bruselas presta a imponer rigor dentro del Gobierno. Todos, y un tipo excepcional (“Fuera del orden o regla natural o común”), perseverante, camaleónico, huidizo, cardenal de la Iglesia Universal de la Oportunidad la Pintan Calva, apellidado Fainé, que ha sabido estar al quite donde otros miraban cara otro lado.

“Con esta operación Fainé se libra del abrazo del oso que pretendió un separatismo que había colocado a Jordi Gual al frente de Caixabank para controlar el grupo y que ahora, gran derrotado, desaparece del mapa”

El Gobierno se libra del cobrizo de los 22.000 millones, patada a continuar, y termina con las ensoñaciones de Iglesias de encabezar un día un banco público, que es lo único que le falta a este país. Por lo demás, la operación ha sido recibida con aplausos por el supervisor en Francfort y asimismo por los inversores: España mueve ficha, termina con un inconveniente cuya dimensión solo podía medrar y sanea su sistema bancario. Ha resulto un inconveniente de tres: queda pendiente el Banco Sabadell y las pocas Cajas del viejo sistema que han seguido su camino y cuyo futuro está en el alero.

Curiosamente, ha sido asimismo realmente bien recibida en España, donde el efecto rebaño en los medios ha impedido ver la otra cara de la moneda de una operación más compleja de lo que a primer aspecto parece. En primer sitio, por el uso, o bien los miles y miles de trabajadores que se van a ir a la calle para dar la razón a quienes arguyen que, en un ámbito con los márgenes encontrados, la reducción de costos es el enorme razonamiento de esta operación. Curiosa situación la de un Gobierno social marxista que en la peor de las coyunturas patrocina una fusión que va a mandar al paro a entre 10.000 y 15.000 trabajadores, ello en la mitad del atronador silencio sindical.

Los despidos, y la cuota de mercado, pues la entidad fusionada va a supervisar el 25% del mercado bancario de España, el 30% en ciertas zonas geográficas (frente al 19% del Santander, en líder hasta el momento en ese ranking), lo que, a la espera de lo que Competencia afirme en su día, supone una excesiva concentración del peligro en España, tema frágil con el que deberán lidiar los rectores de la nueva entidad, y por su parte una amenaza para la competencia, tal vez el razonamiento más serio de quienes objetan esta operación como dañina para los usuarios y particularmente negativa para esas pequeñas y medianas empresas que van a ver reducido el abanico de sus opciones en el momento de buscar financiación.

Polémica en torno a la prima de fusión

Un punto frágil debe ver con el costo de la operación, tema que semeja estar dilatando el anuncio oficial de exactamente la misma. Aunque la ecuación de canje prosigue siendo un misterio, se da por hecha una relación 75%-25% en favor de la entidad catalana, lo que ha provocado ciertas invectivas por la parte de los futuros contendientes, Santander y BBVA específicamente, expectantes de encarecerle la mercadería a Fainé. Ellos y ciertos más arguyen que “el Estado ha regalado a CaixaBank un banco saneado con dinero público” que tiene la friolera de 12.000 millones de capital en cómputo, una parte de los que servirán para financiar los despidos, al lado del fondo de comercio negativo que resultará de adquirir Bankia a un costo inferior a su valor contable. ¿Por qué el Estado –se preguntan-, a través del FROB, da por buena las cotización en bolsa y no demanda una prima de fusión conveniente a lo que Bankia aporta a la fusionada?

Porque no pare más la burra, arguyen los especialistas implicados en la operación: “La rentabilidad sobre recursos propios de Bankia está en poco más del tres% frente al ocho% de CaixaBank, y aquella podría ganar en un ambiente comercial normalizado entre 300/400 millones en frente de los 1.705 millones (con un ERE que costó prácticamente 700) que en 2019 se apuntó la catalana. ¿De qué forma hacer entonces una relación de canje diferente? Creo con sinceridad que ese 75-25 es un éxito para Bankia. Hay que rememorar, además de esto, que no se trata de una operación en cash sino más bien en acciones, lo que deja vaticinar retornos futuros ahora no contemplados. Ocurre que Santander y BBVA, que jamás pensaron que esta fusión fuera a hacerse sin llamar ya antes a su puerta, están preocupados y tratan de meter presión en áreas del Gobierno y particularmente de Podemos”.

El eterno amo de La Caixa, 78 años, podría haber encontrado por fin un sucesor al frente de su imperio en Goirigolzarri, un hombre por el que siempre y en todo momento ha sentido un enorme respeto profesional

Ana Botín lleva tiempo diciendo que con el Popular ha tenido bastante. Aunque desde la perspectiva de los costos le han salido los números, la labor de poner la nueva red a competir cuchillo en boca como es regla de la casa está resultando muy dura, de tal modo que no desea saber nada de invertir un euro más en España en futuras consolidaciones, y otro sí afirma Carlos Torres en el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, una entidad enfrascada en sus inconvenientes, que no son pocos. Tanto una como otro rechazan de plano, en cuanto al resto, cualquier operación de salvamento que implique meter al Estado en el capital. A esos condicionantes ha estado atento Fainé, reverendo del tamaño como criterio básico de competencia, expectante por crear un enorme banco que, sobre la base de una conveniente administración, le deje aumentar al máximo el dividendo que recibe la Fundación que encabeza y que después dedica a obra social.     

Pero tal vez el razonamiento más escurridizo debe ver con la falta de confianza profunda que el nacionalismo ha introducido en las relaciones económicas entre Cataluña y el resto del país, Madrid particularmente. Aunque Fainé reaccionó al desacierto del referendo del 1-O bien trasladando la sede social a Valencia, tanto la sede operativa como los servicios centrales han continuado en Barcelona, donde se prosiguen tomando todas y cada una de las resoluciones. Quizá fue todo cuanto pudo hacer en aquel instante. Razón de más a fin de que en la meseta ciertos arguyan que “el poder de la fusionada se quedará en Cataluña”. “Tonterías”, contesta un personaje con criterio, “con esta operación Fainé se libra del abrazo del oso que pretendió un separatismo que había puesto a Jordi Gual al frente de Caixabank para supervisar el conjunto y que ahora, gran derrotado, desaparece del mapa”. El nacionalismo apenas ha abierto la boca. “Es que no se ha enterado de lo ocurrido”, mantiene exactamente la misma fuente. Como el viernes murmuraba prudentemente otro esencial banquero catalán, “esto ha sido una peineta en toda regla a los de la barretina”.

La clave de la Fundación La Caixa

Es cierto que el 30% del capital de la nueva entidad quedará a cargo de la Fundación Bancaria La Caixa, en cuyo consejo hay gente como Francesc Homs, consejero de la presidencia entre 2012 y 2016, cuya responsabilidad en la deriva de Artur Mas cara el separatismo está fuera de duda, o bien como Juan José López Burniol, un notario natural de Tarragona de padre castellano que, como en el caso de Rufián y tantos otros tontos útiles, juega un papel clave en la ceremonia separatista: el del catalán delicioso que va de ilustrado y racional y que desea continuar siendo de España mas no halla motivos para esto, puesto que que el nacionalismo lleva razón y de “Espanya” solo llega el palo y tente rígido. A cambio, el señor notario no para de hacer caja con cargo en cualquier cosa que deba ver con el “procés”. La mayoría de ese consejo, no obstante, caso de César Alierta, Javier Solana o bien Javier Godó, poco o bien nada tiene que ver con el separatismo. Dicho lo cual, no cabe duda de que quien controle en el futuro esa Fundación controlará a su vez la entidad resultante, lo que abre un interrogante que solo los acontecimientos irán despejando.  

De momento manda Fainé, como ha venido ocurriendo desde la creación de CaixaBank a pesar de las protestas en contrario del BCE. El eterno amo de La Caixa, 78 años, podría haber encontrado al fin un sucesor al frente de su imperio en Goirigolzarri, un hombre por el que siempre ha sentido un gran respeto profesional, que ocupará la presidencia del nuevo banco y no será “un presidente florero”, condición impuesta por el aludido, si bien las líneas de gestión quedarán en las exclusivas manos de Gonzalo Gortázar como CEO, un director financiero, nacido en Madrid y fan del Real Madrid, perfectamente adaptado –como Carlos Torres en BBVA o bien José Antonio Álvarez en Santander- a la condición de consejero delegado. Con Goiri y Gortázar al frente de la nave, la gestión profesional parece más que asegurada, cosa que no va a ser simple, pues, aparte de con el 30% a cargo de la Fundación La Caixa, los dos deberán lidiar con ese 15% del capital en poder del Estado, una situación inusual para cualquier gestor independiente, que forzará a la pareja a complejos equilibrios en dependencia de la “calidad” del Gobierno de turno. ¿Una victoria de la razón en la España más irracional? El tiempo afirmará.  

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