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Una mascarilla, por caridad

12 noviembre 2020
Una mascarilla, por caridad

Como si de solicitar dádiva se tratase. Eso es lo que se ha hecho en las últimas semanas para lograr que el Gobierno se apeara del burro para reducir el Impuesto sobre el Valor Añadido de las mascarillas, que son precisas y obligatorias para la población. Lo demandaban desde la OCU, desde los partidos de centroderecha, desde todo género de organizaciones no lucrativo. Que si Europa no lo deja, que si no tenemos la culpa, que si “este no es el discute”, como aseguraba la vicepresidenta Carmen Calvo este lunes. Naturalmente que es el discute, y lo es más cuando se es parte integrante de un Gobierno que acuña la oración de “no dejaremos a nadie atrás”.

Reclamos de la derecha

Quizás deseaban decir que no dejarían a absolutamente nadie atrás en su anhelo recaudatorio, teniendo presente que las arcas públicas, prácticamente en los huesos debido a la situación de drama económico, están colectando con las mascarillas 1.569 millones de euros. También están colectando de esos autónomos que sin ingresos deben hacer en frente de sus cuotas. Solo un caso. Pero lo demencial de todo esto es que lo esté haciendo un Gobierno ‘progresista’, de alianza de izquierdas, al que se le supone que mirará por los más frágiles. Pero en este caso ha debido ser la derecha la que pida la medida de la gratuidad de la mascarilla. Quizás seamos ilusos y creamos que a pesar de ser obligatoria y precisa, aquel ciudadano que no tiene para comer se gasta día a día un euro en mudarse la mascarilla. Debe ser eso.

Falla el Gobierno de Sánchez en su intento de no dejar a absolutamente nadie atrás. Esa gran oración que el presidente pronuncia con insistencia desde su primer mensaje a la ciudadanía en el comienzo de la pandemia, allí por el mes de marzo, retumba en mi cabeza toda vez que se sobreviene una situación injusta. Desde mayo, ya hace 8 meses que Europa dio libertad para bajar el Impuesto sobre el Valor Añadido. Francia ya se propuso en el mes de julio la gratuidad de las mascarillas. Italia, en septiembre. Aquí, en Andalucía –gobernada por el Partido Popular y Cs- se han entregado mascarillas sin costo a los pensionistas. Se trata solo de ciertos ejemplos de buenas prácticas en frente de un inconveniente urgente y prioritario.

Pregunta del CIS

El coste máximo estipulado ahora de una mascarilla es de 96 céntimos. Pongamos un euro al día, unos 30 euros por mes dependiendo del uso: inestimable para miles de bolsillos en este país. Como no se puede costear semejante gasto, se emplean inapropiadamente, es de cajón. Debería preguntarlo el CIS: ¿Usted cada cuanto tiempo se cambia la mascarilla? Nos caeríamos de bruces con las contestaciones. Por eso, por todo cuanto pasa, por la mala administración que se hace en muchos frentes, no extraña que el CIS rebele en su último barómetro que más de la mitad de los españoles encuestados (54%) haya necesitado ir al sicólogo a lo largo de estos meses de pandemia para combatir la sofocación que provoca la inseguridad laboral que vivimos.

Hacen falta sesiones ingentes con el sicólogo para combatir la toma de resoluciones deplorables que se han adoptado habitualmente, tanto de unos y otros, como la otra dádiva que se ha pretendido dar a los autónomos en Cataluña, una ayuda de 2 euros que se anuncia a bombo y platillo y que al final solo pueden percibir un dos por ciento de los que la precisan. A nuevas limitaciones, nuevas ayudas para subsistir y poder resistir, como ha hecho Angela Merkel en Alemania, por poner un ejemplo. En fin, con sicólogo o bien sin él, proseguimos. Cuídense, con mascarilla siempre y en toda circunstancia.   

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