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Torra, ese mártir

17 septiembre 2020
Torra, ese mártir

Tiempo, mucho tiempo hace que la política catalana se mueve entre la épica y la simbología, entre el victimismo en motivo de moverse en la encargo. Por ello, para la logística política del ‘procés’ y de la extinguida Convergencia, vale más dejar al presidentTorra como mártir del independentismo catalán que lo dio todo por ‘su país’, que muere políticamente por ‘su país’, que hacer bizarría de una obra de gobierno inexistente, una obra de gobierno que se ha movido entre lo superfluo y lo estético.

A esta logística le va como anillo al dedo que este jueves Torra se siente frente a un tribunal que, con arrollador seguridad, le inhabilitará por poco que parece ridículo pero que está fuera de la ley y es sostener una pancarta en el corredor de una institución pública en defensa de los que dicen presos políticos. Tan disparatado es que Torra, sabiendo como sabía a lo que se enfrentaba, decidiera incumplir la licitud porque le va adecuadamente para su logística política, como que aún no haya convocado elecciones. Todos se lo están pidiendo a gritos, desde ERC a Ciudadanos. Pero si poco ha demostrado Torra es que no tiene ausencia que perder manteniéndose al frente del gobierno catalán, que no llegó a la política para más que para dejar la presidencia como un mártir, y esa trayectoria que está siguiendo sí que es intachable. Torra saldrá por la puerta holgado para ese independentismo que delito de todos sus males al indiferente.  

Afición a la desobediencia

A Torra, con la permanente crisis internamente de su partido, le interesa más hacer creer que el “Estado está instalado en la venganza” que hacer caso a sus socios de Gobierno, a ERC, que le han instado a convocar elecciones antaño de ser inhabilitado, porque allá de estar unidos por el mismo nudo independentista, se han convertido en auténticos rivales. Ni la calabozo ni el mal entendido confinamiento, léase la fuga de Puigdemont, les ha unido porque mientras unos -los ex convergentes- hacen caso omiso de las leyes que no les gustan, los de ERC hace tiempo que dejaron claro que transitarían por la vía de la licitud. A Torra le gusta desobedecer, nos lo ha dejado muy claro y desobedecerá todo lo que tenga que desobedecer por la causa.  

Cconvergencia pasa por una crisis ideológica abrumadora, frente a la fortaleza de los de Oriol Junqueras y le vale más poner el foco político en lo que consideran un ‘Estado represor’ y que no respeta la ‘dispensa de expresión’ que salir a explicar su plan para Cataluña. Ya carecen de él, o se ha difuminado o está demasiado difuso entre Junts y el PDeCat. Torra deja un cesión que no se le puede cuestionar y es su defensa a capa y espada de lo que quiere una parte de la sociedad catalana. El hecho de que le sienten frente a un tribunal por esa defensa de cualquier semblante que sirva al independentismo es lo mejor que en estos momentos le puede acaecer a un partido que durante vigésimo abriles tuvo todo el poder imaginable pero que ahora se enfrenta a perder de un plumazo todo aquello que impulsó durante décadas Jordi Pujol.

Torra ha intentado defender durante dos horas en el Parlamento catalán su cesión, su obra de gobierno. Ha subido probablemente por última vez como presidente a la tribuna en un debate de política militar. Nos ha querido ofrecer una imagen de mecanismo que no existe. Si por poco pasará a la Historia, adicionalmente de como uno de los mejores mártires del independentismo, es por ser el presidente catalán durante la encargo de la pandemia del coronavirus, quizás lo único positivamente importante que habrá tenido que resolver. Cuídense, con mascarilla siempre.  

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