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Sánchez, un mentiroso resiliente

1 septiembre 2020
Sánchez cifra en más de 43.000 el número de contagios por covid en la última semana

Creo que Irene Lozano erró en el momento de poner el nombre al libro que le escribió a Pedro Sánchez a cambio de un carguito, pues debió llamarlo “Manual de resiliencia” en vez de “Manual de resistencia”. Y es que este palabro tan común en el mundo del entrenamiento sensible describe con perfección de qué forma Su Persona se ve a sí mismo en su función como Presidente del Gobierno: como un tallo al que no ha sido capaz de quebrar una pandemia mundial y menos todavía los fascistas de la extrema derecha (que, por definición, son todos aquéllos que se ubican a la derecha ideológica del Partido Socialista). PEDRO I, EL RESILIENTE, un héroe entre sus pares merced a cuyo gobierno se salvaron más de 400.000 vidas, se prohibieron los despidos y terminó la desigualdad.

Pedro aborda la gobernabilidad del país desde la emoción y no desde la administración. Trabajar no tiene glamour, es agotador y además de esto tampoco es que granjee demasiados votos. Y por si no fuera suficiente, no le deja lucir palmito, que es con lo que él de verdad se pirra. Su ventrílocuo Iván lo sabe, y de ahí que le saca el máximo provecho a su marioneta, que está encantada de haberse conocido y de que sea el otro el que mueva los hilos mientras que se prodiga en actos que no sirven para otra cosa más allí que para su lucimiento personal. Pero eso sí, no a costa suya o bien a la de su partido, sino más bien a la de todos. Porque el escaparate promocional preferido de Sánchez para pavonearse públicamente es el institucional: no solo por una cuestión de influencia, sino más bien de caché. Y si ya de paso logra que los ciudadanos vayan desterrando esa idea absurda de que las instituciones deben ser neutrales y empiezan a asociarlas con el Partido Socialista, mejor que mejor: de esta forma el tránsito cara la democracia light, esa en la que el pueblo vota mas nada decide, se les va a hacer más soportable.

Para muestra, el último publirreportaje audiovisual organizado por la fábrica Redondo (pues de conferencia tuvo más bien poco) al que decidieron bautizar como “España puede. Recuperación, Transformación, Resiliencia”. Esencialmente el acontecimiento sirvió para confirmar 3 cosas: 

Primera: que el bronceado logrado por Pedro a lo largo de sus vacaciones en los palacios del patrimonio nacional es tanto o bien más resiliente que . Y es que el Presidente, haciendo gala de su legendaria oratoria, nos recordó que “somos una única humanidad”. Eso sí, no a todos nos coge tan bien el moreno.

Segunda: que no dejarán pasar la ocasión de gastarse los dineros europeos en justificar la necesidad de sus puestos múltiples, como el Ministerio de Igualdad o bien el de Transición Ecológica, cuya virtualidad práctica se encuentra en el mordisco que su mantenimiento supone para nuestro bolsillo.

La ideologización del bien y del mal deja transformar a los ciudadanos en una masa ingente de usuarios de mentiras

Y tercera: que el Gobierno no tiene otra estrategia para sacarnos de esta segunda ola y eludir que venga una tercera alén de la publicidad y del relato. Porque mientras que el centro derecha prosigue instalado en ese marco mental creado por la izquierda que tiene por nombre batalla cultural, esta aplica firmemente los manuales de recetas de Müzenberg y de Gramsci: convertir la realidad que conocemos a fin de que la verdad deje de ser eso que experimentamos en nuestras carnes y se convierta en un hecho institucional, en algo que absolutamente nadie ha vivido mas que nos aseguran desde el Gobierno que ha sucedido. Que aquello con lo que comulgamos pues lo consideramos algo respetable y bueno esté intrínsecamente ligado a la ideología de izquierdas, al paso que lo malo y abominable a la de derechas. Y es que la ideologización del bien y del mal deja transformar a los ciudadanos en una masa ingente de usuarios de mentiras, que adquieren que para no ser desterrados del paraíso de bienestar y bondad que les promete la izquierda, no tienen que dejarse mentir por la manzana envenenada con las que les tienta la desalmada víbora de derechas. Y esta última espera ahí, paciente, a que se consume el desastre a fin de que los millones de Adanes y Evas patrios caigan en la cuenta de que no hay paraíso alguno y que la condenada manzana es lo único que les queda para comer.

Dirán que exagero y que en España no se acepta que el Gobierno nos engañe.

Pues díganme: ¿quizá alguien recuerda de las declaraciones de la Vicepresidenta Calvo diciendo que a las mujeres nos iba la vida en asistir a las manifestaciones feministas del ocho-M mientras que acallaban las alarmas de organismos mundiales y europeos sobre los riesgos del coronavirus en los acontecimientos tumultuarios? Porque hubo un off the record de Irene Montero reconociendo que esto fue exactamente de esta forma. 

¿Y de cuando Podemos alardeaba de la administración de Yolanda Díaz y de Pablo Iglesias en sus respectivos ministerio y vicepresidencia, aseverando que habían concebido los ERTE y que gracias a ellos se prohibían los despidos? Porque fue Lastra la que firmó en nombre del Partido Socialista el documento en el que acordaba con otros partidos (entre aquéllos que estaba Bildu) la derogación de la reforma laboral del PP (en la que se contempla, exactamente, la figura de los ERTE). Y de que España está a la cabeza de los peores rankings, entre ellos el del desempleo, mejor ni charlamos.

Luego está Pedro aseverando en público, ante todo el país, que no había plan B al estado de alarma, que si este no se prorrogaba no habría forma de administrar la desescalada y de sostener medidas como los ERTE. Y acá estamos un par de meses después, con los ERTE prorrogados tras decaer el estado de alarma y con el Gobierno abrazando el llamado “plan B” a fin de que sean las propias CCAA quienes administren la desescalada.

De las patrañas sobre el número de fallecidos o bien la relevancia del empleo de la mascarilla se ha corrido un tupido velo. También sobre el presunto informe de la Universidad Johns Hopkins que ubicaba a España en la “gama alta” en lo que se refiere a administración de la pandemia o bien de los Comités de Expertos inexistentes que aconsejaron al Gobierno. De eso prefiero no charlar pues me da vagancia y, además de esto, evocar tanta invención puede terminar resultando perjudicial para la salud.

Si hay algo más resiliente que Sánchez, a una parte de su bronceado, son sus patrañas y las de su Gobierno.

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