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Pedro Sánchez no le afirma la verdad ni al médico

16 octubre 2020
Pedro Sánchez no le dice la verdad ni al médico

Me escribe una persona muy próxima y me cuenta que uno de sus familiares, con un solo pulmón en funcionamiento y paciente de asma, asistió esta semana al hospital de su pueblo a fin de que le recetasen cortisona, puesto que la precisa. Pónganse en su pellejo: una mujer que es parte de un conjunto de población de peligro, efectuando un recorrido callejero, sabiendo que si se contagia, seguramente enfermará de forma grave. Se lo expongo de otra forma: hay personas que desde el momento en que apareció el coronavirus viven acollonadas, puesto que sienten que esquivan una bala toda vez que comparten espacio con cualquiera.

Al llegar a su centro médico, lejos de atenderla como debe ser, le mandaron al hospital, puesto que allá no podía estar, conforme le afirmaron. No deseaban ni tan siquiera escucharla. No hay día en que no aparezcan en T.V. sanitarios de los ambulatorios para denunciar que están colapsados y no hay día en que una persona no me escriba un mensaje para decir que lleva toda la mañana tratando de charlar por teléfono con su doctor, mas absolutamente nadie le responde. Este fue el caso: como no atendían sus llamadas y no deseaba ahogarse…pues fue.

Dijo Pedro Sánchez a lo largo del estado de alarma que España tiene de las mejores sanidades del planeta y que los ciudadanos podían estar sosegados, puesto que disponía de la capacidad suficiente para atajar con garantías la pandemia del coronavirus. En julio, fue más allí y afirmó: “Hemos salvado la vida a 450.000 personas”. Después, hizo un llamamiento a que los ciudadanos disfrutaran del sol, de la playa y de los puestos.

Ahora, en medio de la segunda ola de covid, agravada por apreciar salvar de la quiebra al campo turístico, Salvador Illapromete una vacuna para finales de año que, sobra decir, no va a llegar. Mientras tanto, los centros de salud no dan contestación a los ciudadanos y los centros de salud deben aplazar operaciones y tratamientos por el hecho de que no dan más de si.

Suena a chiste que unos apelen a la necesidad de fortalecer la ley de la memoria histórica y otros tumben la escultura de Largo Caballero mientras que múltiples millones de españoles han visto limitada su movilidad y su trabajo pende de un hilo»

Todo son sonrisas en los actos propagandísticos del Gobierno, en los que pocos empresarios faltan, dada su cobardía y su anhelo por arramplar el máximo número posible de millones de euros de los fondos europeos. Pero, en la calle, la gente está despistada y tiene temor al paro, al apetito y a la muerte. Así, sin tapujos, puesto que ninguna de las 3 cosas había estado tan cerca en los últimos tiempos.

La salud no es lo primero

Dicho esto, cualquiera afirmaría que la salud es lo primero, puesto que el patético contubernio formado por la política y los medios se empeña día y noche en situar en el centro de la agenda temas que poco importan hoy en día. Porque suena a chiste que unos apelen a la necesidad de fortalecer la ley de la memoria histórica y otros tumben la escultura de Largo Caballero mientras que múltiples millones de españoles han visto limitada su movilidad y su trabajo pende de un hilo. De hecho, varios miles ni tan siquiera han cobrado aún el dinero de su ERTE; y no afirmemos de la renta mínima universal.

Por otra parte, basta salir a la calle para localizar testimonios de personas que en su casa tienen desde hace unos meses una boca más que nutrir. La del abuelo o bien de la abuela, que se han quedado viudos o bien, por temor, les han sacado del geriátrico. Eso fuerza a extremar las cautelas en el transporte público o bien en el trabajo; y a asistir a la oficina o bien a la adquisición con auténtico miedo, puesto que contagiarse puede implicar ‘cargarse’ a un familiar. Pero no pasa nada: ¡charlemos de la Guerra Civil!

Es evidente la lejanía de la política y de la prensa para con los inconvenientes reales de los ciudadanos; como asimismo lo es su absoluta estulticia y reduccionismo en el momento de abordar un evento histórico como la crisis del coronavirus. En estas circunstancias, no queda más herramienta que el descreimiento y más recurso que el castigo a tantos impresentables. ¿De qué manera? Basta preguntar la hemeroteca para localizar razonamientos. Circula estos días por Internet un vídeo en el que aparecen Pedro Sánchez y Pepa Bueno, que ilustra con perfección sobre la capacidad de decir mentiras y publicarlas sin filtro de unos y otros. En el documento, Sánchez asevera lo siguiente:

“Se decía a principios de año que yo iba a vender mi alma a Iglesias y que iba a aceptar el chantaje de la Vicepresidencia con el CNI, con la Policía propia, cargándonos la independencia de los jueces y fiscales; que íbamos a hacer descansar la gobernabilidad de España en las fuerzas independentistas. Y mira, eso no ha ocurrido”.

Sobra decir que ha hecho todo lo opuesto a lo que mantenía, puesto que el presidente del Gobierno es un hombre sin honor ni escrúpulos. Un maniquí vacío que no afirmaría la verdad ni al médico. Ahí lo demuestra: no tiene más principios que manipular para intentar encaramarse siempre y en toda circunstancia a la rama que le sostenga en el poder, si bien eso implique elaborar a los ciudadanos -y a sus votantes- promesas que nunca va a llegar a cumplir.

Por eso, por el hecho de que los representantes gubernativos no cumplen con lo dicho ni los medios los auditan, es preciso sospechar y dejar de escuchar. De lo opuesto, la tensión va a ir en incremento y el estallido social es cuestión de tiempo. En esas condiciones, ni los unos ni los otros padecerán. Al revés, van a conducir las oleadas de malestar en función de sus intereses. Los ciudadanos no pueden ni charlar con su médico o bien conseguir una receta y están preocupados de las cloacas del Estado y del CNI. ¿Se puede ser más desgraciado?

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