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Pedro Sánchez | Abuso de poder

27 noviembre 2020
Pedro Sánchez | Abuso de poder

“Veo mal el futuro porque se está gestionando inadecuadamente para la naturaleza de la crisis actual. En España se prefiere repartir dinero en subsidios que apostar por crear empleo”. Al otro flanco del teléfono, la voz serena, pedagógica y rotunda -como siempre- del profesor Mikel Buesa -una de estas mañanas de radiodifusión en Onda Madrid- premeditadamente de las líneas generales de su estudio sobre la primera ola del coronavirus, entre enero y julio. Lectura recomendable e imprescindible para que la información de usar y tirar no nos bloquee las arterias del conocimiento. Sin espíritu crítico dejamos de ser ciudadanos de pleno derecho de modo voluntaria. Por eso hay que prestar atención a quien no renuncia a poner en el dedo en la postilla.

El profesor Buesa palabra de lo que ha escrito, sin temor a convenir aceptablemente o mal con el sujeto de su exploración, basado en los datos y en los hechos. El título del ejemplar es una sentencia que no deja beneficio a la perfeccionamiento: Abuso de poder. El coronavirus en España. Incompetencia y fracaso en la administración de la crisis. (Marcial Pons, 2020). Buesa, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, prórroga que el futuro de sus nietos (“la generación de la epidemia”) sea de “esperanza y progreso”. A corto plazo suena a otro cantar porque de la crisis económica no se sale, pronostica Buesa, “en dos o tres años por lo menos”.

Desde el 14 de marzo, con el paréntesis del verano, España está bajo un estado de aviso trabajador de modo anormal, es asegurar, con más sombras constitucionales que luces. Tal y como explica Buesa en su capítulo dedicado a “la vida en confinamiento”, los españoles han optado por un retazo de sus derechos fundamentales, todo sea por la lozanía. El poder incondicional del presidente del Gobierno le permite beneficiarse ese miedo en el cuerpo. No hay reproche a sus actos porque el control parlamentario, o lo que quedaba de él, ha pasado a mejor vida con un decreto que durante seis meses le permite ese todo vale tan del regusto de la flagrante reproducción política española. Si estamos en aviso no debería hacerse falta más que políticas relacionadas con la avalancha y las crisis económica y social. Ocurre lo contrario.

Lejos de designar todos los esfuerzos y posibles a terminar de una vez con la avalancha, el Gobierno hace camino, cerrando un acuerdo presupuestario que le mete kilómetros a la reunión, hasta 2023

El primer estado de aviso fue aplicado, sin venir a exposición, por ejemplo, para colar al vicepresidente segundo Pablo Iglesias, en la comisión oficial del CNI. Desde entonces, ya sabemos que lo que menos le importa al número 3 del Gobierno son los asuntos sociales de su competencia. La segunda aviso tiene en pocas semanas todavía muchas más aristas. Lejos de designar todos los esfuerzos y posibles a terminar de una vez con la avalancha, el Gobierno hace camino, cerrando un acuerdo presupuestario que le mete kilómetros a la reunión, hasta 2023. A lo liberal de estas dos semanas se ha realizado una operación política de poder que va desde la aprobación de una ley de educación que implanta un monocultivo ideológico hasta la cesión de una instalación marcial al Ayuntamiento de San Sebastián que expulsa al Ejército de la provincia de Guipúzcoa, a petición del incansable PNV.

Desguace de la Constitución

Entre medias, el portavoz de ERC, Rufián asoma el centralismo catalán al nacer del Gobierno el fin de la autonomía en Madrid con la prohibición de desmontar los impuestos sin el permiso del Estado. El independentismo contra el sistema autonómico, como en septiembre y octubre de 2017, cuando suspendieron la justicia vivo. Según el Supremo, una “ensoñación” calificada como sedición y malversación de caudales públicos que se perfeccionará en cuanto Junqueras salga de la gayola.

Las broncas entre el PSOE y Podemos no dejan de ser un entretenimiento más. El Gobierno hace más comunicación política que cualquier otra cosa, pero sin perder de audiencia lo esencial. Sánchez es presidente desde el 1 de junio de 2018. Hasta finales de 2023 no habrá otras elecciones. Sumando los dos períodos -desde la censura a la investidura y desde el pacto con Iglesias hasta el final de la legislatura- se habrá mantenido en el poder cinco primaveras y medio, más que un mandato del presidente de la República en Francia. Sánchez va a conseguir el próximo diciembre unos Presupuestos para varios primaveras. Durante 30 meses ha sido capaz de administrar con las cuentas del PP, a cojín de decretos y con un estado de aviso que, de agotarse el plazo, le habrá permitido un poder anormal durante casi un año. La perfeccionamiento de Podemos, Bildu y ERC para prolongar la prohibición de los desahucios, tal y como desveló Vozpopuli, enseñaba la patita de una prórroga de dos primaveras más a los poderes excepcionales del jerarca del Gobierno. Sánchez sabe que no necesita cobrar las siguientes elecciones. Le hilván con sumar desde el segundo puesto los votos de la censura, tal y como hizo en 2018.

Mientras la operación de reunificación de electores (no de partidos) puesta en marcha por Casado alcahuetería de reunir, al menos, diez millones de votos -el tamaño de Vox dificulta mucho que sea posible de aquí a 3 años- el agrupación flagrante del poder seguirá avanzando con la reforma, deconstrucción e incluso desguace del 78. Nada de lo sucedido esta semana debe ser tomado a título de inventario sino como inversión del binomio Sánchez-Iglesias para 2023, para seguir otros cuatro primaveras más, como intrascendente.

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