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“No podemos cerrar, estamos asfixiados”

9 enero 2021
"No podemos cerrar, estamos asfixiados"

Esquís en Plaza de Castilla. Muñecos, trineos y bolas de cocaína. “¡Selfie!”. Una arteria urbana fugado de coches. Ríen y saltan y disfrutan; la concurrencia se regocija con Filomena en el corazón de Madrid. Una suceso que observan tras sus escaparates llenos de vaho unos comerciantes valientes, los pocos que se han atrevido a desobstruir sus locales en medio de la tormenta, la más violenta en décadas. Valientes, sí, pero a la fuerza. La mayoría de ellos coinciden: “No nos queda más remedio que desobstruir, estamos asfixiados tras meses de clausura por la pandemia”.

La tormenta meteorológica pugna con la económica. Los comerciantes echan cuentas posteriormente de poseer dejado a espaldas los cierres decretados por la pandemia del coronavirus y las cuentas que les salen son muy ajustadas. Han resistido a duras penas -“otros no pueden aseverar lo mismo”- y este sábado, con medio país colapsado bajo la cocaína, ellos han encumbrado la persiana y atendido a sus clientes.

Según los datos de la Confederación Española de Comercio (CEC), las tiendas han perdido hasta el 50% de su actividad en los meses más duros del coronavirus. Una embestida dura que se lleva por delante a uno de cada dos establecimientos entre finales de 2020 y comienzos del 2021, de acuerdo a las estimaciones de la patronal. O lo que es lo mismo, el clausura de 250.000 locales, con la uniforme destrucción de 600.000 puestos de trabajo. Las secuelas son igualmente mortales en la hostelería.

“No estamos para cerrar”. En Bravo Murillo, Mateo Inurria, la avenida de Asturias o el paseo de la Castellana -todas ellas desembocan en Plaza de Castilla- casi nada hay algunas luces de comercios iluminadas. La camarera de un bar próximo al intercambiador -prefiere ayudar el anonimato- se da “con un canto en los dientes” de trabajar hoy: “Hemos estado meses en ERTE y ahora abrimos, nos da igual la tormenta”.

Hay cuatro personas tomando café en el recinto. Dos son trabajadores sanitarios y entre sí comentan los servicios realizados durante la caminata: no pocos resbalones que han terminado en contratiempo. Otro cliente, al fondo, mantiene las manos en torno a de un café humeante. Y el cuarto, en otra mesa, con una copa de balón. “Soñamos durante meses con ver a concurrencia en el bar -afirma la trabajadora-. No podemos arriesgarnos a perder más clientes“.

“Siempre abrimos”

Dependientes de otros comercios rechazan hacer declaraciones. Sobrevuela el aparición del ERE y temen que cualquier comentario fuera de puesto se convierta en su cuchilla (profesional). “¿Por qué abren en medio de la tormenta? ¿No han tenido problemas para montar hasta aquí?”. La respuesta es casi general: “No nos queda más remedio”.

Arif trabaja en el restaurante Indian Bombay

A unos metros de distancia y en una aire receptiva se encuentra Arif, nacido en Bangladesh hace 20 abriles. Atiende tras la mostrador del restaurante Indian Bombay, en Bravo Murillo. Sonríe: “Poca concurrencia abre, así que hoy tenemos más clientes“. Esta mañana ha llegado en Metro a trabajar desde Lavapiés. Señala el medio medida de cocaína que hay en la calle y afirma: “Ha sido difícil y ha habido muchos problemas”. Pero presume de no cerrar “nunca”: “Sólo durante la pandemia, como todos, pero desde entonces siempre abrimos”.

A esas pocas tiendas abiertas se puede consentir gracias al desempeño de personas como A. y J., del Ayuntamiento de Madrid. Entre los dos cargan con un cubo harto de sal y con sus palas despejan portales y accesos a locales. Afirman que han empezado la caminata a las siete de la mañana y a las dos del mediodía, respectivamente, y que aún les quedan “muchas horas de trabajo por delante“: “Nuestra zona está yuxtapuesto a Plaza de Castilla y hoy hay dispositivo peculiar para que las calles no colapsen… o no tanto”. Y apuntan con la examen a dos vehículos sepultados por la cocaína en porción del asfalto.

La gran tormenta

Porque Madrid, a pesar de las escenas lúdicas que se viven en sus calles, vive unas jornadas extremas. El corregidor de la aldea, José Luis Martínez Almeida, pide al Gobierno “medios humanos y materiales” para rivalizar con la contratiempo Filomena; ayuda marcial y policial que ya ha solicitado a los titulares de Defensa e Interior, Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska.

El aeropuerto de Barajas permanece cerrado a cal y canto, y el temporal ha obligado a cerrar 430 carreteras principales y 50 secundarias en toda España. Pero en Plaza de Castilla, arteria principal de Madrid, unos pocos abren la persiana y ofrecen sus productos y servicios. Valientes a la fuerza frente a las inclemencias.

Una mujer posa en bañador subida a una gran bola de nieve en Plaza de Castilla

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