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Madrid, 100 años de pandemias

12 septiembre 2020
Incidencia acumulada España

“The more you know about the past, the better prepared you are for the future.” Theodore Roosevelt

La aparición de una segunda oleada del coronavirus SARS-CoV-dos en España es uno de los temas recurrentes de las últimas semanas. Ya he comentado en diferentes ocasiones (la primera, el 14 de marzo) cuáles creo son las razones y los responsables de la actual situación en España, meridianamente y conforme con todos y cada uno de los indicadores la peor del planeta desarrollado. La voluntad política de no estimar ver lo que ocurría a nuestro alrededor, la carencia de previsión, las resoluciones improvisadas y errantes, la bulocracia y la patraña como forma de gobierno o bien la apertura sin control al concluir un estado de alarma de 100 días, con el más largo confinamiento de la población que ningún país haya sufrido en Europa, son solo ciertas razones que explican que España lidere el total de contagios de Europa, con 554.143 oficiales a 10 de septiembre, o bien que tengamos prácticamente 30.000 fallecidos oficiales y más de 54.000 reales por la enfermedad (lo que supone una tasa de mortalidad de más de 1.100 por cada millón de habitantes).

Incidencia amontonada en España, semana 35 (24 a 30 de agosto) Fuente: Centro Nacional de Epidemiología. Última actualización libre.

La Comunidad de Madrid está en el centro de la polémica desde el mes de marzo. En la capital se festejó la primordial marcha del ocho-M, que, para no tener ninguna incidencia en la enfermedad, provocó que se contagiaran múltiples ministras, diferentes secretarios de estado y, prácticamente con completa seguridad, la mujer del presidente del gobierno. En Madrid asimismo es donde mayor incidencia ha tenido la enfermedad, con ocho.817 fallecidos oficiales a 10 de septiembre, un 50% más que en Cataluña, la segunda comunidad con más muertes; de ellos, casi 3 de cada 4 lo fueron en residencias de jubilados, lo que supone que solo en Madrid han fallecido uno de cada 4 ancianos del total de fallecidos en España; y eso a pesar de que el vicepresidente segundo del Gobierno se puso al frente del mando único de los servicios sociales (que incluyen las viviendas) a los poquitos días de la declaración del estado de Alarma. Las acusaciones desde el Gobierno a la administración de la Comunidad de Madrid, regida por la popular Díaz-Ayuso, son incesantes desde el comienzo de la pandemia.

comunidad mapa

Comunidad de Madrid. Mapa de incidencia amontonada últimos 14 días. Actualizado a 8/09/2020. Fuente: Comunidad de Madrid.

En situaciones como esta, y siempre y cuando resulte posible, es recomendable echar la vista atrás para intentar ver si la presente es verdaderamente particular o bien si, por contra, pueden existir patrones que expliquen el peor comportamiento relativo de la capital de España y su Comunidad.

El antecedente más próximo lo tenemos en la epidemia de gripe de 1918, famosa como gripe de España a pesar de que su origen se lo disputan China y EE.UU.. En todo el planeta, las primeras estimaciones charlaban de en torno a 21 millones de muertes, equivalentes al total de la población de España de entonces, si bien semejan más atinadas las que las elevan hasta los 30 millones. Sólo en los EE.UU., la gripe habría dejado no menos de 550.000 fallecidos, 5 veces más de los norteamericanos fallecidos a lo largo de la Primera Guerra Mundial, y más que todos y cada uno de los fallecidos en esa guerra, la Segunda y la de Vietnam; en España, el número oficial de fallecimientos durante las 3 oleadas que tuvieron sitio desde la primavera de 1918 hasta los primeros meses de 1919 dejaron prácticamente 170.000 fallecidos, cifra que puede no compadecerse con la realidad puesto que la mortalidad de 1918 superó en más de un 50% a la de 1917. Para hacernos una idea, si en 1917 murieron en España siete.500 personas a raíz de la gripe y 80.000 por causas respiratorias, en 1918 fueron 147.114 y 117.778, respectivamente; las muertes, que habían crecido en 1917 con respecto a 1916 hasta lograr valores no vistos en prácticamente 10 años, se acrecentaron desde las 465.722 hasta las 695.758.

Madrid se vio sacudida por tres oleadas sucesivas, que tuvieron sitio al final de la primavera de 1918, en el otoño de ese año y en el mes de marzo del año siguiente. No existen datos registrados en esos un par de años de las causas de muerte en la urbe, mas el total de fallecidos por todas y cada una pasó de los 15.544 en 1917, a los 18.695 en 1918 y 18.281 en 1919, conforme recogen los Movimientos naturales de la población que publica el Instituto Nacional de Estadística. Tal y como apunta la maestra Porras Gallo, expresidenta de la Sociedad Española de Historia de la Medicina, semeja que, como el día de hoy, fue un acto lúdico el primordial propagador de la epidemia en la capital; concretamente, la celebración de San Isidro, patrón de la urbe, se considera como la causa más probable. El 22 de mayo el Ayuntamiento de la capital declaró la existencia de la epidemia, incluso sin especificar la causa, si bien tras un mes dictaminó el restablecimiento completo de la normalidad sanitaria, lo que fue considerado prematuro por El Siglo Médico, que no lo hizo hasta el día seis de julio. En contraste a la presente pandemia, el verano de 1918 estuvo libre de casos en la capital de España. Pero con la llegada del otoño volvió la gripe, actuando, como en la primera ocasión, primero sobre la población militar y más tarde sobre la civil. En aquella ocasión, y a pesar de lo poco afortunado del título y del primer parágrafo, semeja que el presente partido de gobierno sí trató de alertar a los ciudadanos del problema; es cierto que el regidor era entonces Luis Silvela Casado, sobrino de Francisco Silvela y miembro del Partido Liberal.

el socialista

El Socialista, 12 de septiembre de 1918.

Todos los registros señalan que este segundo brote fue más benigno en Madrid que en el resto de España. Sin embargo, y cuando por segunda vez parecía derrotado el H1N1, en febrero de 1919 empezó una tercera fase de la epidemia, a la par que en el resto de Europa, y que duró hasta mediados de mayo, cuando se consideró desaparecida o bien reducida a casos ocasionales.

Como hoy día, la incidencia de la pandemia varió en virtud con la diferente configuración urbanística y con las condiciones higiénico-sanitarias de la urbe, efectivamente diferentes de las presentes. También es verdad que la enorme incidencia que se dio en el distrito de Hospital está relacionada con la enorme cantidad de fallecimientos que se dieron en el Hospital Provincial, en el que fueron tratados muchos madrileños.

distritos

Tasas de mortalidad general (en tanto por mil) de la urbe de Madrid por distrito municipal (configuración administrativa de actual desde 1903). Fuente: preparación propia desde Porras Gallo (1994)

También, como el día de hoy, la prensa tuvo un papel esencial en la creación de un estado de opinión sobre la situación de la epidemia en Madrid, como recoge el trabajo de la maestra Porras Gallo. Así, los medios se movieron en un inicio entre el miedo y la minimización de la enfermedad, para evolucionar más tarde a situaciones de mayor preocupación. Esto ocurrió tanto en la primera como en la segunda oleada. El Liberal llegó a charlar de ‘Dictadura sanitaria’, para editorializar con enorme contundencia el día 15 contra el Gobierno de la nación, señalando que “Ocultar la verdad y seguir confiando en el celo del ministro de la Gobernación y de las autoridades a sus órdenes, seria faltar a nuestros deberes, abandonar la defensa del interés público, engañar al vecindario y dar motivo a que dejaran de adoptarse precauciones por parte de las familias.”

liberal

Portada de El Liberal, dos de octubre de 1918

editorial salud

El Liberal. Editorial de portada, 15 de octubre de 1918 (extracto)

Entonces, los mayores inconvenientes que presentaba Madrid debían ver con la insalubridad de los distritos y el hacinamiento de la población. Los fallecimientos fueron mayores entre los ciudadanos de entre 20 y 40 años, que supusieron prácticamente 4 de cada diez. Pero asimismo parece obvio que la situación geográfica de Madrid y su capacidad de atracción, como el día de hoy, provocó una mayor resonancia de la enfermedad. Tampoco podemos olvidar la enorme responsablidad que los gobernantes tuvieron en la expansión de la epidemia; como apunta la maestra Porras Gallo, que recoge las críticas de los profesionales sanitarios por las deficientes medidas adoptadas. Parece que nos empeñamos en olvidar las lecciones del pasado.

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