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La España que ya no conoce ni la madre que la parió

24 septiembre 2020
La España que ya no conoce ni la madre que la parió

La semana pasada la cronista Rosa Villacastín, que es especialista en temas del corazón y alguna cosa más, a la que siempre y en todo momento he tenido por una persona con criterio, escribió el próximo tuit: “Confinar distritos donde viven los que hacen posible que Madrid funcione no prueba más que el menosprecio que Partido Popular y Ciudadanos tienen por los trabajadores. Sí, sí, Ayuso y Aguado, Inés Arrimadas y Casado, por el hecho de que sin su aprobación esto no sería posible”. Le respondí que tal aseveración me parecía un caso redondo de indigencia intelectual y una manifestación palmaria de la más execrable demagogia ‘podemita’. Pero estos son los bueyes con los que hay que arar.

Este es el país de mierda en el que han transformado España Sánchez y sus secuaces. Villacastín es una persona de edad provecta y siempre y en todo momento he pensado que la mayor parte de los buenos vinos maduran con los años hasta transformarse en inusuales, mas está claro que no ha sido el caso. Aquí tenemos el ejemplo de una teoría totalmente fallida. La mía. Está fuera de toda duda que la señora Díaz Ayuso, la presidente de la Comunidad de Madrid, ha cometido fallos en la lucha contra el coronavirus.

Me semeja que cuando comenzaron a generarse los primeros rebrotes ya muy entrado el verano se los tomó con una falta de diligencia reprochable, y asimismo que su órdago en estos instantes no está todo lo calculado que debería. Lleva meses tras la curva como afirmaría el infecto Simón. Todo esto puede nadar entre lo irreprochable y lo controvertible mas lo verdaderamente desalmado es meditar que las resoluciones que ha adoptado deben ver con el clasismo y con el repudio a los diferentes.

Esto solo se le puede suceder a la señora Villacastín y a otros ciudadanos contaminados por el germen del odio, que reproduce y multiplica la violencia mediática e inclusive física de la ‘kale borroka’ de Podemos, adecuadamente convocada en los distritos del sur intervenidos, con pancartas que obligadamente debieron realizarse mucho ya antes, para protestar contra unas limitaciones dolorosas mas ineludibles solo horas tras ser comunicadas por T.V..

Enemigo a destruir

No nos sorprendamos. Esto es exactamente lo mismo que hizo el Partido Socialista Obrero Español del hombre de Estado Rubalcaba y los entonces cachorros de Podemos tras el trágico y también infausto 11-M de 2004 para prostituir las elecciones asediando la sede electoral del Partido Popular el día de reflexión. Y lo hicieron, y aprovechan cualquier ocasión a este respecto, por el hecho de que lo que no aguantan es que la derecha vuelva a regir tras 40 años de dictadura, y la Comunidad de Madrid, que se les ha escapado siempre y en todo momento merced al los pies en el suelo de este viejo poblachón manchego -con el intervalo de la ‘señora croqueta’, la jueza deplorable y peor regidora Manuela Carmena- es el oponente que destruir a toda costa.

La historia de los vinos no es trivial. Ahora que se habla con causa del interés del doctor Sánchez y del marxista Iglesias por derribar el régimen del 78, es conveniente rememorar que estos impulsos destructores jamás fueron extraños al Partido Socialista que tanto hizo por edificarlo. Vienen de cuando el entonces vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra, que deseaba mudar España hasta el momento en que “no la conociera ni la madre que la parió”, halló resistencias “insalvables” en los jueces, a su juicio dominados por el conservadurismo extremo o bien el franquismo irredento, y a estos efectos cambió la regla legal por la que se escogía el Consejo General del Poder Judicial y correspondientemente el Tribunal Supremo, dejando la selección a cargo de los políticos y sepultando a Montesquieu.

Casado va a hacer realmente bien en impedir la renovación del Consejo Judicial que le demanda Sánchez, por el hecho de que lo que quiere el que nos rige es situar allá a jueces progresistas adeptos y sin escrúpulos

De este atentado contra la separación de poderes y contra los ‘checks and balances’ que hacen grandes las democracias se ha favorecido evidentemente la derecha cuando ha regido. Pero mientras que no se cambie esta ley vil, creo que el señor Casado va a hacer realmente bien en impedir a toda costa la renovación del Consejo Judicial que le demanda Sánchez, y que normativamente es obligada, por el hecho de que lo que quiere el conspicuo mentiroso que nos rige es situar allá a jueces progresistas adeptos y sin escrúpulos, incluida la cuota que pide el terrorista intelectual Iglesias o bien quién sabe si asimismo los independentistas y ‘bilduetarras’ que apoyan a esta banda delincuente.

Clave para la restauración democrática

Alfonso Guerra, no obstante, es el perfecto ejemplo de los vinos que maduran con el tiempo. Ahora odia a Sánchez, como tantos de nosotros, y si pudiese borraría del mapa a Iglesias y sus discípulos, a los que considera con razón un tumor mortal. Hace un mes firmó un Manifiesto, al lado de más de setenta ministros de la Transición, defendiendo en público el legado de Juan Carlos I, ya rechazado por su hijo y recién expulsado de España por Sánchez, argumentando que fue clave para el regreso y la continuación de la democracia tras tantos años de dictadura.

Pues no se lo disculpan. Ya saben que, a lo largo de los años de gobierno del Partido Socialista Obrero Español, los socialistas se dividían entre los ‘felipistas’ -los aparentemente liberales, pragmáticos y pactistas- y los ‘guerristas’ -depositarios de los trajes de pana y del tarro de las esencias-. ¡Pues hasta con eso ha acabado el petimetre Sánchez! Mi buena amiga Lucrecia, declarada ‘guerrista’, ahora aborrece del gran Alfonso, al que considera un traidor exactamente cuando se está comportando como el tipo más fiel a la civilización y el sentido común. Como tantos, Lucrecia solo está pendiente de en qué momento aparece en T.V. este remedo de gallardo de Sudamérica que tenemos como presidente, y esto confirma indudablemente mi tesis de que el socialismo es con el tiempo como la víbora cobra, un almacén de veneno que destroza todo rasgo cognitivo y atisbo de lucidez.

Algunas empresas muy potentes y también internacionalizadas, miles y miles de pequeñas y medianas empresas eficaces y un puñado de emprendedores coléricos que han subsistido a la droga de la subvención pública y del deplorable Estado del Bienestar

Muchos compatriotas aún creen que España es uno de los países mejores del mundo. Puede que no les falte razón. Poseemos un tiempo inusual, unas playas y un patrimonio histórico y monumental incontrovertible, el sistema hotelero más competitivo del planeta, y un carácter amical y sociable sin par. También ciertas empresas muy potentes y también internacionalizadas, miles y miles de pequeñas y medianas empresas eficaces y un puñado de emprendedores coléricos que han subsistido a la droga de la subvención pública y del deplorable Estado del Bienestar. Pero tenemos del mismo modo unas faltas excelentes.

El modelo sanitario hace aguas, padecemos la juventud más gandula, acomodadiza, mal criada y reivindicativa de la historia -por más que afirmen lo opuesto los intelectuales de salón- y un sistema educativa pésimo, en el que la prioridad implacable de apostar por los idiomas, por la ciencia, por la ingeniería, por las matemáticas y por la tecnología será reemplazada de manera inmediata por un plan de estudios dedicado a que los hijos de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, aprendan que su abuelo pasó penalidades en las prisiones franquistas.

La única explicación de por qué razón hemos sido la nación que peor lo ha hecho a lo largo de la pandemia, de por qué razón hemos registrado el mayor número de fallecidos por cabeza del planeta, y de por qué razón somos los menos hábiles en esta etapa inquietante de rebrotes desmandados es la falta de calidad institucional del país. Tenemos un Gobierno esquizofrénico y disfuncional, un sistema autonómico inútil de probar un mínimo de eficiencia en la administración de la epidemia y un modelo judicial subordinado a un poder político manejado por el Ejecutivo más catastrófico de la historia. El sistema electoral es una trampa que pone en bandeja la extorsión de los partidos minoritarios y pérfidos, que amordazan la actividad del Parlamento; la independencia de los medios, con notables salvedades como la de Vozpópuli, hace cierto tiempo que ha sido minada.

En Europa van mucho mejor por el hecho de que disfrutan de mayor firmeza institucional y hay gente prudente al frente de los organismos y de las administraciones públicas. Nosotros paseamos sin calmo cara una segunda velocidad europea muy, muy pobre, como aquella que era capaz de impulsar difícilmente el ‘seiscientos’ del desarrollismo franquista.

Nuestro vicepresidente del Gobierno negociando los presupuestos del Estado que debemos presentar a Bruselas con una inculta al servicio de intereses tan espurios y compartidos por este Gobierno

El pasado jueves 17 de septiembre el diario ABC publicaba en portada una foto incalculable y locuaz. Allí aparecía un tipo con una camisa granate remangada, una corbata irrisoria, con un moño entre lo ridículo y lo absurdo y una barba sin cuidar. En la fotografía figuraba con él la miembro del Congreso de los Diputados de los etarras de Bildu Mertxe Aizpurúa, un adefesio de señora. Pero el hecho conocido y degradante es que allá estaba nada más y nada menos que nuestro vicepresidente del Gobierno negociando los presupuestos del Estado que debemos presentar a Bruselas con una inculta al servicio de intereses tan espurios y compartidos por este Gobierno desquiciante como la refundación del modelo de Estado.

¿Ustedes piensan que estas manifestaciones de desvarío programático, como de desidia, de falta de arreglo indumentario y de escasez de honor y de respeto por uno mismo pasan inadvertidas en las cancillerías europeas con las que peleamos por los recursos que pueden calmar el fracaso económico que nos arrasa? El del moño piojoso con sus aires de asaltar el cielo, apoyado por el doctor Sánchez y su falta de habilidad, de estrategia y de programa económico nos costarán millones de parados, igual que un incremento horrible de la pobreza y de la desigualdad que los dos declaran insolentemente como sus prioridades.

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