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La cepa chavista

26 enero 2021
La cepa chavista

Contrariamente a lo que muchos pensaban, la conformación del Gobierno de coalición PSOE-Podemos en enero de 2020 no sólo no ha moderado a los morados, sino que ha desplazado a los socialistas en torno a posiciones más extremas. Ninguna sorpresa para los que, como yo, estábamos convencidos de que Sánchez ya venía radicalizado de casa y que su pose centrista nada más obedecía a un meditado tacticismo electoralista.

A estas gloria caben pocas dudas de que el virus creado en los laboratorios de la Complutense y desarrollado en CEPS bajo el auspicio de Chávez ha cruzado el charco tras infectar de totalitarismo y miseria a Venezuela. La cepa chavista ha enfrentado en el socialismo castellano el huésped ideal al que parasitar y en la pandemia el caldo de cultivo consumado para propagarse.

Frente a quienes consideran que la aire de Sánchez obedece a un intento de absorber a Podemos para anularlo en las urnas, yo sólo veo a un partido socialista totalmente mimetizado con el chavismo. Y quienes aún no han sido infectados callan y muestran una aire servil y acrítica: los barones socialistas se han convertido en una mera comparsa del Consejo de Ministros. Cuestionar a Sánchez puede ser el preludio de su descabezamiento política y quienes han convertido la moqueta en su hábitat natural no sabrían sobrevivir fuera de ella. El poder y los privilegios que conlleva son adictivos y rehabilitarse resulta harto difícil para quienes los han estado consumiendo desde su pubescencia.

Propiedad privada

Al igual que la covid-19 se confunde a menudo con una vulgar resfriado o catarro, la cepa venezolana se camufla de políticas sociales, impidiendo así detectar los síntomas totalitarios: en nombre del feminismo se resucita el derecho penal de autor y se implanta una suerte de lucha de sexos que sustituye a la de clases. El derecho a una vivienda digna se utiliza para atacar a la propiedad privada y al maniquí capitalista. La voluntad popular es el pretexto consumado para intervenir y someter el Poder Judicial. La protección de la lozanía es la argucia óptima para socavar los cimientos de la democracia dadivoso y del Estado de derecho. El aparición del neocomunismo.

La prórroga de seis meses del estado de inquietud abrió a los de Podemos puertas con las que no habían ni soñado cuando pactaron el Ejecutivo de coalición. Gracias al patetismo de buena parte de la examen, que confunde el centrismo con la inanidad y la moderación con el “mainstream”, tienen por delante medio año de vía fugado para contagiar a todo el entramado institucional. Lo hacen a almohadilla de dedazos y de decretos que vulneran derechos y libertades de los ciudadanos, cuya ratificación en el Congreso está asegurada gracias al nuevo cordón inodoro integrado por independentistas y bilduetarras. Sánchez les debe esta mayoría para la sesión y los de Iglesias se están cobrando acertadamente la deuda. Aunque el presidente se muestra encantado, quizás porque su paje Redondo lo ha convencido de que los ciudadanos lo toleran todo siempre que se ejecute en nombre del progreso y por boca de la izquierda. Y no les puedo desmentir que no le descuido razón.

Empresarios y autónomos se arruinan mientras el sector conocido, identificado con una ideología determinada, se engorda y crece a costa de exprimir a los primeros

Además, la pandemia es un destructor de riqueza y prosperidad inusitado, el ámbito habilitante que necesitaban para hacer lo único que saben: mandar la miseria, que para ellos no es más que un igual de dependencia estatal. Los empresarios y autónomos se arruinan mientras el sector conocido, identificado con una ideología determinada, se engorda y crece a costa de exprimir a los primeros. Gente válida y con experiencia pidiendo préstamos para subsistir o haciendo nalgas en los bancos de alimentos mientras multitud de ineptos copan cargos de responsabilidad y se embolsan decenas o cientos de miles de euros por el exclusivo hecho de adular al líder del partido. El mérito sustituido por el servilismo y la obediencia debida.

Inmunidad de vacada

Al igual que Fernando Simón auguró que en nuestro país no habría más de uno o dos casos de coronavirus, no son pocos quienes vaticinaron que el chavismo no triunfaría por estos lares, porque Venezuela no es España. Pero la cepa chavista ha demostrado una entrada capacidad de contagio institucional y ha confirmado que contrayendo la enfermedad no se alcanza la inmunidad de vacada, sino que te conviertes en él. A veces sin casi darte cuenta. Porque no son pocos los críticos de Podemos que han interiorizado que, en aras a proteger la lozanía, todo vale. Que un fin superior justifica los medios y que los debates jurídicos han de postergarse. Ellos no lo saben, pero están infectados.

La vacuna contra esta cepa chavista que mantiene a nuestra democracia en la UCI es aquello que más odian los tiranos de todo signo y condición: la independencia. Como sucede con el coronavirus, existen negacionistas que la rechazan, pues implica responsabilidad y esfuerzo. Y cierto es que algunos de quienes antiguamente se presentaron como sus valedores se han plegado y dejado resistir por la corriente. Otros la seguiremos defendiendo mientras nos quede tinta en la pluma.

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