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Joe Biden, el amigo de Obama que expulsó a Trump de la Casa Blanca

7 noviembre 2020
Joe Biden, el amigo de Obama que expulsó a Trump de la Casa Blanca

El veterano político demócrata Joe Biden se transformó este sábado en el nuevo presidente escogido de Estados Unidos, un cargo que aceptará a los 78 años tras una vida dedicada a al servicio público que acaba con la expulsión de Donald Trump de la Casa Blanca.

Exvicepresidente y “amigo” de Barack Obama (2009-2017), Biden ganó las elecciones por insistencia, tras 2 intentos frustrados en 1988 y 2008, unas primarias que ganó por carambola al retirarse a favor suyo la mayor parte de sus contendientes y unos comicios contra el todopoderoso Trump en plena pandemia.

Biden decidió presentarse a la Casa Blanca con la bandera de recuperar el legado que Obama edificó y que Trump ha destruido una vez que en 2016 fuera Hillary Clinton la aspirante demócrata a la Presidencia, sin éxito.

Durante este último año ha debido enfrentar cuestionamientos sobre su edad y salud mental, y es que sus incesantes lapsus han sido motivo de múltiples habladurías y un arma electoral en contra suya. También por el hecho de que debido a la pandemia, ha pasado una gran parte de la campaña encerrado en su vivienda de Delaware.

Además, con 78 años, va a ser el presidente de más edad de la historia de Estados Unidos, lo que asimismo ha puesto todos y cada uno de los focos sobre la vicepresidenta escogida, Kamala Harris.

Amigo de Obama y compañero de Kamala

Biden ha esgrimido con insistencia sus 8 años a la vera de su “amigo” Barack Obama en la Casa Blanca, como la guinda a una dilatada trayectoria política en el Senado de EE.UU. (1973-2009).

También acostumbra a rememorar sus orígenes humildes en Scranton (Pensilvania) -su padre era vendedor de vehículos- en pleno corazón del cinturón industrial estadounidense, que ha conseguido reconquistar para los demócratas una vez que en 2016 optara por Trump.

Con ello apela a 2 campos demográficos que son claves para su mayoría: la comunidad afroamericana y los votantes blancos de clase trabajadora, cuya confluencia ya dejó las holgadas victorias del demócrata Obama en 2008 y 2012. A ello se le suma su histórica selección de Harris, miembro del Senado por California, como su compañera de fórmula presidencial.

“Tengo el enorme honor de anunciar que he elegido a Kamala Harris -una intrépida luchadora por el ciudadano de a pie, y una de las mejoras funcionarias públicas- como mi compañera de candidatura”, afirmó Biden al descubrir su elección en el mes de agosto pasado.

Harris, de 55 años, es la primera mujer afroamericana y de ascendencia asiática en ser nominada a la Vicepresidencia por uno de los 2 grandes partidos, y con la que Biden busca aportar energía a su imagen de curtido y veterano político.

Además se transforma en la sucesora natural de Biden de acá 4 años, puesto que el presidente escogido ha manifestado que no se presentará a la reelección.

Moderar el izquierdismo

Biden ganó las primarias a un contrincante interno inesperado hace apenas una década: el brillante ascenso del ala interna izquierdista encarnada por el miembro del Senado Bernie Sanders, que derrotó tras una operación del partido para aunar al campo moderado que acabó liderando.

Con sus 36 años de miembro del Senado y ocho de vicepresidente de currículo, desde este sector se le acusa de carecer de la bravura para enfrentarse a poderes como el financiero de Wall Street, y de no estimar hacer los cambios estructurales que requiere el país.

La miembro del Congreso Alexandria Ocasio-Cortez, una de las estrellas progresistas en ascenso y sucesora natural de Sanders, ha reconocido la creciente fisura dentro de los demócratas al asegurar que “en otro país sería impensable” que Biden y estuviesen “en exactamente el mismo partido”.

Biden apoyó la guerra de Irak, defiende el sistema de los seguros privados de salud y también impulsó una reforma de la justicia en la década de 1990 que acabó con decenas y decenas de miles y miles de afroamericanos entre rejas por delitos relacionados con las drogas.

Pese a que las 2 ánimas del partido han mostrado su división, de forma especial por la propuesta de la izquierda rechazada por Biden de instituir un sistema de sanidad universal en EE.UU., las 2 plataformas se han unido con entusiasmo para expulsar a Trump de la Casa Blanca.

Carisma “virtual”

El carisma es otro de sus puntos fuertes, algo que ha probado en sus cálidas y espontáneas interactúes con los ciudadanos, mas la infrecuente situación derivada de la pandemia del coronavirus ha supuesto un obstáculo para él.

Biden no ha efectuado ningún acto masivo de campaña y ha concentrado sus sacrificios en desarrollar una campaña virtual incesante, lo que supuso las mofas de los republicanos al acusarle de no salir de su sótano.

Lo que ha favorecido, paradójicamente, supervisar (si bien no al 100 %) una de sus primordiales marcas de la casa: sus usuales meteduras de pata verbales. “Soy una máquina de pifias. Pero, por Dios, qué cosa fantástica equiparada con un tipo que no puede decir la verdad”, ironizó a fines del pasado año al equipararse con Trump.

Una de las noches de campaña de las primarias llegó a confundir ya antes de comenzar a charlar a su mujer, Jill Biden, y su hermana, Valerie Biden.

Pero asimismo ha estado en la vanguardia de su partido y ha espoleado cambios que ahora complacen a su partido: en 2012, aseveró que se hallaba “completamente cómodo” con el matrimonio homosexual, lo que forzó a Obama a apresurar su apoyo explícito a esas uniones y contribuyó a su legalización final por la parte del Tribunal Supremo en 2015.

Biden ya es el presidente escogido mas va a deber regir en uno de los instantes más bastante difíciles imaginables, con una crisis política, económica y sanitaria que devasta el país, con el Senado probablemente en contra bloqueando sus ideas y con el Tribunal Supremo con una histórica mayoría conservadora.

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