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Irene Montero y los 3 monos del ‘santai’

14 septiembre 2020
Irene Montero y los tres monos del 'santai'

La semana pasada tuvimos múltiples buenos ejemplos de lo que el líder de cabecera de Pedro Sánchez, el poderoso asesor político Iván Redondo, ha venido en llamar “la guerra cultural”, y que adelantó en el mes de julio, en un extenso documental en El País, que sería la estrella de este otoño.

En julio no comprendimos bien a qué se refería Redondo, puesto que no daba la sensación de que hubiese en España guerras más urgentes que vencer al coronavirus o bien al paro. Pero ahora, con apenas un par de semanas trascurridas del mes de septiembre, ya comenzamos a vislumbrar de qué trata esa “guerra cultural”.

Básicamente, la cosa va de estirar un tanto más el chicle de Francisco Franco y proseguir anunciando medidas aparentemente proclives a lograr la igualdad real de las mujeres con los hombres. De lo primero ya sabemos que el Gobierno, sin haber cumplido siquiera lo contemplado por la ley de la memoria histórica, prepara una segunda versión para, entre otras muchas cosas, declarar nulas todas y cada una de las sentencias dictadas por los tribunales franquistas.

En cuanto a las políticas de igualdad, la primera cosa que se nos ha anunciado es que va a haber cambios en la llamada Ley de libertad sexual, e inclusive hay quien sospecha que el Gobierno pretende prohibir la prostitución en esta legislatura, frente al convencimiento de que los que recurren a esos servicios son, además de sexistas, votantes de derechas.

De instante, y para ir abriendo boca, la semana pasada sucedieron 3 cosas algo chocantes. En primer sitio, la Fiscalía General del Estado, dirigida por la exministra Dolores Delgado, solicitó mudar ciertas señales de tráfico por considerarlas sexistas, en tanto que la mujer apenas sale representada y, cuando lo hace, está en un plano secundario con respecto al hombre.

Considerar que un monigote en pantalones solo representa a un hombre es propio de gente con la psique cortísima. ¿Acaso las mujeres deben llevar siempre y en todo momento falda?

La iniciativa de la Fiscalía prueba de nuevo que los sexistas no son los autores de esas señales sino más bien la propia corporación que dirige Delgado, puesto que estimar en pleno siglo veintiuno que un monigote aséptico en pantalones solo puede representar a un hombre es propio de gente con la psique demasiado corta. ¿Acaso las mujeres deben llevar siempre y en todo momento falda? Del mismo modo que la figura con coleta que aparece en ciertas señales con perfección podría ser un hombre, sin ir más allá el vicepresidente del Gobierno. Dicho lo que, si desean mudar las señales, como en su día hicieron ciertos municipios con los semáforos, están en su derecho de proponerlo. Nuestro futuro, por suerte, no depende de ello.

Pensar diferente

Sin embargo, hay otros 2 hechos recientes que sí forman una deriva inquietante por la parte del Ejecutivo y, de manera especial, de la ministra de Igualdad, Irene Montero, quien en un rifirrafe parlamentario llegó a decir la semana pasada que “los que consideran que la violencia no tiene género están fuera de la ley”. Es decir, que para la ministra el que no piensa como es un criminal y, además de esto, la violencia es propia del género masculino. El mensaje es demoledor: los hombres son violentos por el mero hecho de serlo y, quien no esté conforme, que se vaya preparando por el hecho de que está fuera de la ley. 

Finalmente, llegamos a esa macroencuesta elaborada por el Ministerio de Igualdad conforme la que el 57% de las españolas ha sufrido algún género de violencia sexual durante su vida. El dato, en caso de ser cierto, transformaría España en un país completamente abominable. Sin embargo, para conseguir ese dato tan increíble el Ministerio ha mezclado el maltrato físico con las “gracietas sexuales”, insinuaciones y miradas lascivas. 

Equiparar una mirada a una tunda es hacerle un flaco favor a las miles y miles de mujeres que son maltratadas en España, puesto que supone trivializar su sufrimiento

Aparte de que comparar una mirada a una tunda es hacerle un flaco favor a las miles y miles de mujeres que son maltratadas en España, puesto que supone banalizar su sufrimiento, resulta en especial enojoso que el Gobierno se dedique a engordar las cantidades, mezclando churras con merinas, tal y como si prefiriera trasmitir una situación más lamentable de la que existe.

La violencia es un inconveniente muy grave que requiere cierto rigor. Y el hecho de que haya más hombres que mujeres en las prisiones por delitos de sangre no quiere decir que todos y cada uno de los hombres sean unos delincuentes en potencia ni que todas y cada una de las mujeres sean de forma sistemática maltratadas.

La duda que queda en el entorno es si Montero pretende prohibir dentro de poco las miradas lascivas. Confiemos en que sus compañeros de Gobierno le hagan entrar en razón por el hecho de que, si por Montero fuera, los hombres estaríamos todo el día como los 3 monos del código ética chino del ‘santai’, esos que ni charlan, ni ven ni escuchan.

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