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Hagan caso del gobernante del Banco de España

6 noviembre 2020
Hagan caso del gobernador del Banco de España

Mientras Pablo Casado reclamaba el centro, anunciando un partido “de puertas anchas” -en otro alegato, considerado por los presentes como fundamental por la parte del presidente del Partido Popular, frente al comité ejecutivo de su capacitación- uno de los barones, Fernández Mañueco -se define moderado- le achicaba el espacio al presidente de su partido, mas sobre todo a los pequeños empresarios de bares y restaurants en Castilla y León, al dictaminar el cierre administrativo de los negocios.

Otra vez como en el mes de marzo y con el peligro de no regresar a abrir jamás más. Bares, cafeterías y restaurants, aparte de comercios de distrito, se están volatizando con resoluciones como las que anuncian las taifas regionales destruyendo el tejido productivo de un país que vive de un turismo que no puede venir y del ocio, ahogado por resoluciones políticas y administrativas. La economía de España de las Pymes no soporta otra embestida como en la pasada primavera. España no es Alemania. Se cierran las compañías por decreto, mas no pagan la ruina que provocan, para cuidar la salud de los perjudicados, por sus resoluciones agobiadas. Ya quisiesen los bares del centro histórico de cualquier capital de Castilla y León, por poner un cientos y cientos de ejemplos, estar en la lista de dañados por el cierre de la señora Merkel que va con la lona por delante y después echa el candado por seguridad.

Se enturbia el alegato aperturista y de futuro de Casado, que choca con las resoluciones de ciertos de sus barones regionales, tan restrictivas y perjudiciales

El decreto de alarma mete la discordia entre las zonas y sus habitantes, mas asimismo en los propios partidos o bien gobiernos regionales. En el Partido Socialista, García-Page solicita un “criterio único” que saque de su dejadez al presidente del Gobierno, mas le ningunean. Ni caso a eso de que Sánchez “coja la batuta”. El asturiano Barbón se lleva un destemplado no del ministro Illa tras solicitar el confinamiento domiciliario. En cuanto al Partido Popular, es suficiente con cotejar las resoluciones de Díaz Ayuso y las del Partido Popular en Castilla y León, Fernández Mañueco, más receptivo y miedoso frente a un giro de Ciudadanos cara el Partido Socialista. Su coaligado Igea siempre y en todo momento deseó convenir con los socialistas, mas Rivera no se lo dejó.

No es menos lo que pasa entre Ayuso y su vicepresidente regional Aguado, si bien los buenos resultados de las medidas parciales incorporadas por la Consejería de Sanidad semejan haber calmado un tiempo las inquietudes del segundo. Y, naturalmente, se enturbia el alegato aperturista y de futuro de Casado, que choca con las resoluciones de ciertos de sus barones regionales, tan restrictivas y perjudiciales como las de Sánchez a lo largo del primer confinamiento, para ámbitos de la sociedad -clase media con pequeñas empresas- que Casado desea recobrar para el Partido Popular tras su fuga a Ciudadanos y después a Vox.

Salario de los sanitarios

La economía de España, basada en el turismo y en el ocio, con un tejido extendido de pequeñas empresas, no resiste un confinamiento más. No hace falta ser moderado y buen gestor o bien un centrista con buena pose para caer en la cuenta de lo obvio. O bien pagan la cuenta como Merkel y mejoran la atención primaria así como el rastreo de los casos detectados o bien no van a poder regresar a proclamar que la administración es lo que importa y que lo de menos es la ideología. Después de esta crisis, en muchos de los casos ni lo primero ni lo segundo. El proyecto de Presupuestos Generales del Estado nació agotado exactamente el mismo día de su presentación. Sánchez y también Iglesias hicieron comunicación política y poco más. Los ingresos, tan inflados como irreales, y los gastos, tal y como si no hubiese un mañana. Lo confirma el gobernante del Banco de España, uno de esos “agoreros” de los que habla en genérico la ministra de Hacienda.

Pablo Hernández de Cos informa de diez años de ajustes, con subidas de impuestos y recortes. Los datos del paro en el mes de octubre prueban que salvo por el ámbito público y la circunstancia del inicio del curso escolar, la crisis del coronavirus deja ya prácticamente 650.000 parados más sin contar una cantidad afín en el camuflaje de los ERTE, más de 4 millones sin trabajo. No hay almíbar gubernativo que endulce el trago.

El gobernante solitario, De Cos, predica en el desierto desde hace unos meses. Los hechos le dan la razón, lo que a buen seguro no busca este servidor del Estado, que no del Gobierno de turno. No le sirve de consuelo. El gobernante no tiene temor a lo políticamente incorrecto y de ahí que explica que solo se puede subir el sueldo al personal sanitario. No al resto de los funcionarios públicos. Tanto el paro como el déficit van a ser mayores de los que ha escrito el Gobierno para 2021. Tampoco, a juicio del gobernante, es el instante de subir impuestos y no se fía de la capacidad España para absorber el dinero europeo y dedicarlo a proyectos de calidad que produzcan desarrollo. Por supuesto que las advertencias, recomendaciones y diagnósticos del gobernante del Banco de España quedan recluídas en la esquina del olvido. Hasta el día en el que desde Bruselas y Fráncfort muestren la dolorosa y más de uno se eche las manos a la cabeza, mientras que tira a la basura los tapones utilizados para no oír al gobernante solitario. ¿Por qué no le hacen caso? Como en una viñeta de Forges: “España y yo somos así, señora” Merkel.

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