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Gracias, señor Sánchez, por ser tan valentísimo

29 diciembre 2020
Gracias, señor Sánchez, por ser tan perfecto

Ni señal de autocrítica. Nada de amparar un solo error. Ni un solo ejemplo de poco que se haya hecho mal. La comparecencia del presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, para rendir cuentas sobre la actividad ministerial en este 2020 afectado por la pandemia del coronavirus se resume en una sola palabra: perfección. Gracias, señor presidente, por ser tan valentísimo.

Lo digo porque escuchando y viendo a Sánchez, con ese eslogan que rezaba “cumpliendo” de fondo, podría parecer que el Gobierno ha actuado de forma exquisita durante todo el año. Que no se ha errado ni una sola vez. Que no ha incurrido en contradicción alguna. Que ha solventado con precisión quirúrgica la crisis sanitaria derivada de la pandemia. Que no ha habido miles de muertos por no poseer actuado antaño contra el virus. Que no ha incumplido ni uno solo de sus compromisos. Una gobierno impoluta.

La ingenuidad, como todos los ciudadanos sabemos, es otra.

Ocurre que a Sánchez y Redondo no les gusta avisar a las cosas por su nombre. Todo es susceptible de calificarse de cualquier guisa novedosa para que parezca más importante y básico de lo que verdaderamente es

La comparecencia ha sido un ejemplo más de propaganda sanchista. Otra de esas ideas surgidas de la mente privilegiada del gran Iván Redondo. “Informe de rendición de cuentas”, esparcen desde Moncloa. “Primer mensaje metódico en la historia del Gobierno de España”, añaden. “Más transparencia que nunca”, apostillan. Pompa y adjetivación excesivas para describir simple y llanamente la tradicional rueda de prensa que el superior del Ejecutivo ofrece al final del año para hacer arqueo de la gobierno. Ocurre que a Sánchez y Redondo no les gusta avisar a las cosas por su nombre. Todo es susceptible de calificarse de cualquier guisa novedosa para que parezca más importante y básico de lo que verdaderamente es.

El “mensaje metódico” ha consistido en aclarar durante cincuenta y cinco minutos los innumerables aciertos gubernamentales. Un discurso cansino, carente de emoción, jalonado por palabras grandilocuentes y repleto de decenas de cifras agavilladas para contarnos lo maravillosamente acertadamente que se ha hecho todo. Tampoco cabía esperar más de este hombre que, encajado es decirlo, ha conseguido aprobar los Presupuestos con apoyos tan dispares y, por ende, tiene el circunscripción allanado para seguir gobernando con cierta tranquilidad durante casi toda la reunión. La ingenuidad es que hay Sánchez para rato más allá del entrenamiento de publicidad regalado a los españoles este martes.

Sánchez ha hexaedro las gracias no se qué “clan de exploración metodológico” que evalúa la gobierno ministerial y ha insistido en que dicho clan hace un trabajo que es “objetivo y verificable y desconocedor al Gobierno”. Es tan objetivo y tan desconocedor al Gobierno que lo presenta el propio presidente

Hay que reconocerle al presidente del Gobierno, eso sí, que ha mejorado sobremanera en su capacidad comunicativa. Todas esas interminables comparecencias suyas durante los fines de semana del confinamiento fueron un entrenamiento de esos que dejan huella. Quiero asegurar que Sánchez sigue siendo Sánchez, es asegurar un hombre que puede defender con igual vehemencia e igual tesón unos principios o los contrarios, pero cada vez su imagen resulta más convincente y seria. O, dicho de otra guisa, vende la burra mejor que antaño

Cincuenta y cinco minutos que han parecido horas. Pero lo mejor, con todo, estaba casi al final. Porque Sánchez ha dedicado una parte de su plática a susurrar de la comparecencia en sí misma. Ha explicado que esto va a hacerse durante toda la reunión -tierra, tráganos-, ha dicho que estas comparecencias sitúan a España “en primera crencha internacional en materia de rendición de cuentas”, ha hexaedro las gracias no se qué “clan de exploración metodológico” que evalúa la gobierno ministerial y ha insistido en que dicho clan hace un trabajo que es “objetivo y verificable y desconocedor al Gobierno”. Es tan objetivo y tan desconocedor al Gobierno que se hace en Moncloa y lo presenta el propio presidente del Gobierno. Esta vez Sánchez y Redondo se han superado. 

Luego, en el turno de preguntas de los periodistas, Sánchez ha vuelto a practicar de Sánchez. Requiebros, despejes y palabrerías para eludirlo todo menos el mensaje de apoyo a Felipe VI que quería colar en los telediarios.  

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