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Futuro negro para España, el único país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en el que no se prevé restauración

12 septiembre 2020
Futuro negro para España, el único país de la OCDE en el que no se prevé recuperación

España es la única economía de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) para la que el Indicador Compuesto Adelantado (CLI, por sus iniciales en inglés), de esta corporación, pronostica una brusca caída de la economía para el futuro próximo. 

Este indicador está desarrollado para ofrecer señales anticipadas, con un adelanto de entre 6 y doces meses, de puntos de inflexión en la actividad económica, lo que deja atisbar el futuro económico de los países que lo integran. 

La pandemia del coronavirus y su impacto en la economía a nivel global se refleja en los CLI de todos y cada uno de los países, en los que se observa un fuerte desplome a lo largo de los meses de marzo y abril, mas en todos se empieza una senda ascendente desde entonces que se afianza en el mes de mayo, junio y los meses de verano.

España es la única economía en la que desde junio se genera una nueva caída del indicador, coincidiendo con los rebrotes de coronavirus que tuvieron sitio en el mes de julio y agosto, las limitaciones al turismo que impusieron otros países, la confirmación de que el Producto Interior Bruto (Producto Interior Bruto) de España había sido el que más había caído de la Unión Europea en el segundo trimestre y conforme se conocía la debilidad del mercado de trabajo. 

A pesar del desconfinamiento y la vuelta a lo que el Gobierno ha llamado la ‘nueva normalidad’, la actividad económica en España no se ha recuperado, el número de afiliados prosigue quinientos mil bajo el nivel registrado ya antes de la pandemia y la confianza está en niveles bajísimos. 

España, a la cola

Los especialistas consultados por Vozpópuli atribuyen esta vulnerabilidad de la economía nacional a factores como el predominio de las pequeñas y medianas empresas en el tejido productivo -menos resilientes que las grandes empresas-, a la falta de certidumbre en las políticas económicas futuras (no hay certidumbre sobre el contenido de los Presupuestos Generales del Estado de 2021 ni sobre la capacidad del Ejecutivo de aprobarlos), a la propia debilidad de las cuentas públicas (el déficit público ya supera el seis% del Producto Interior Bruto a cierre de julio) y al elevado peso del turismo en el Producto Interior Bruto, un campo enormemente perjudicado por la pandemia. 

A esto se aúna que España no ha acometido reformas que Bruselas lleva años demandando al país, como la lucha contra la dualidad y temporalidad del mercado laboral o bien la mejora de las políticas activas de empleo a fin de que sean capaces de reubicar a la población que sale expulsada del mercado de trabajo. 

Pérdida de confianza

El CLI de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos se complementa con 2 medidas. Por un lado, usa el índice de confianza de las empresas, que en el caso de España ha mejorado a lo largo del verano online con los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Se ubica en 99,64 puntos, en frente de los 97,34 que llegó a marcar de mínima en el mes de abril.

La confianza de los consumidores, el segundo índice que usa la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, es en el que España despunta para mal, con una caída a lo largo de los meses de verano hasta los 96,34 puntos.

La confianza del consumidor en España se halla a cierre de agosto en los peores niveles que registró en el año 2013 y asimismo en los registros del inicio de la crisis financiera, en 2008-2009, algo que recogió esta semana el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y publicó este medio.

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