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Estado de alarma | El Congreso se hace el ‘harakiri’

29 octubre 2020
Estado de alarma | El Congreso se hace el 'harakiri'

El 18 de noviembre de 1976, las Cortes franquistas aprobaron la Ley para la Reforma Política, un proyecto concebido por Adolfo Suárez para darle cauce a la transición cara la democracia. Aquello supuso el comienzo del fin de la dictadura, un genuino ‘harakiri’ en donde una mayoría de procuradores admitieron votar contra sus teóricos intereses.

Salvando las distancias, la votación de este jueves en el Congreso de los Diputados tiene un aire afín a aquella maniobra de suicidio voluntario. Una mayoría de parlamentarios, escogidos de manera democrática para representar al Legislativo, ha decidido abandonar a su lícito poder y entregárselo al Ejecutivo a lo largo de los próximos 6 meses, confirmando la que indudablemente es una de las mayores anomalías democráticas desde el fin de la dictadura.

El Congreso de los Diputados, al que la Constitución de España proporciona el poder para renovar quincenalmente el estado de alarma decretado por el Gobierno, ha admitido sumisamente perder esa competencia y dar un talón en blanco a Pedro Sánchez, quien a lo largo de los próximos meses va a poder hacer y deshacer sorteando el control del Parlamento. Como gran cesión al resto de conjuntos, Sánchez ha consentido con asistir a las Cortes cada un par de meses para informar de la evolución de la pandemia, mas sin que en ningún caso pueda reclamársele la finalización del estado de alarma.

Esa competencia, la de poner punto y final a esta innoble renuncia, a esta aberración constitucional, recaerá desde el día de hoy solamente en el Ejecutivo. Y el hecho de que este haya comprometido su palabra (sic) con actuar en el futuro siguiendo la opinión de los “expertos” en el marco del Consejo Interterritorial, no deja de ser una nueva maniobra destinada a soslayar llegado el momento la propia responsabilidad, aparte de suponer un menosprecio suplementario al Congreso, al que se ningunea a favor de un órgano de rango inferior.

Soberano desprecio

Por si todo ello fuera poco, resulta que el presidente del Gobierno ha probado este jueves un soberano menosprecio a los españoles al no estimar proteger en la tribuna de oradores la medida más inusual aprobada en 45 años de democracia. Y, para colmo, ha tenido el cuajo de ausentarse del pleno cuando ha terminado de charlar su ministro de Sanidad, sin quedarse a oír los razonamientos de la oposición. Como ha recordado algún orador, solo ha faltado que Carmen Calvo pusiera su bolso sobre el escaño de Sánchez para llenar exactamente la misma escena vergonzosa que vivimos a lo largo de la aciaga petición de censura de 2018.

Con la experiencia del pasado estado de alarma, donde el Ejecutivo actuó con arbitrariedad, cerró el portal de trasparencia, complicó la tarea de los cronistas y adjudicó sin concurso público millones de euros, no semeja prudente concederle el beneficio de la duda.

Si Sánchez fuera un presidente normal, probablemente ciertos no tendrían mayor inconveniente en dar semejante poder a su Gobierno en interés de conservar la salud de los ciudadanos. Sin embargo, con la experiencia reciente del pasado estado de alarma, donde el Ejecutivo actuó con arbitrariedad, redujo a su mínima expresión la actividad parlamentaria, cerró el portal de transparencia, complicó la tarea de los cronistas y adjudicó sin concurso público millones de euros en contratos a dedo con total opacidad, no semeja prudente concederle el beneficio de la duda.

Además, la horrible realidad de la pandemia no debe hacernos caer en la trampa de que todo tiene justificación con tal de pelear contra el coronavirus. Este no es un discute donde haya que escoger entre salud y democracia, como ciertos proclaman desde sus cómodas tribunas. Las reglas de un Estado de Derecho son sagradas y lo que termina de hacer el Congreso es abandonar de manera voluntaria a su papel constitucional. Los miembros del Congreso de los Diputados que lo han apoyado van a ser cómplices de todo cuanto ocurra de ahora en adelante.

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