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España, otra vez, una salvedad educativa

31 agosto 2020
España, otra vez, una excepción educativa

Ha vuelto a acontecer. España distanciada de Europa, no volvió a las salas de forma ordinaria para proseguir el curso tras el confinamiento, con lo que no ha podido tener una experiencia real de propagación del virus en institutos y también Institutos.

Más de ocho.200.000 pupilos aguardan al nuevo curso 2020/2021. Gracias al sacrificio de familias, profesores, pupilos, Administraciones y equipos directivos con las tecnologías digitales, el curso escolar pasado 2019/2020 se concluyó con mucha dignidad.

A salvedad de Italia, que corrigió por situación insegura su resolución de regresar, desde el cuatro de mayo se volvió a las salas en el resto de países europeos. La reapertura ya antes de vacaciones les dejó tener una situación de ventaja para encarar la situación producida por los rebrotes de la covid-19. No han perdido el tiempo: han efectuado planes, estudios, encuestas familiares, pactos con la comunidad educativa y propuestas de Gobierno para la administración del nuevo curso 2020/2021. España encara ahora la enorme vuelta a los institutos, sin educación ordinaria presencial desde el 11 de marzo.

Los jefes de Gobierno europeos se han implicado personalmente con singular empatía en la vuelta a las salas, tanto en la reapertura inicial como frente al nuevo curso

Los responsables educativos europeos han venido declarando que ahora saben mucho mejor de qué manera marchar en los centros educativos, la pertinencia de las medidas sanitarias, los puntos enclenques de estas medidas con relación a las distintas edades y necesidades de apoyo, han experimentado el nuevo empleo de espacios comunes y salas, y un sinfín de detalles indispensables en el cada día escolar. Siendo un tema socialmente sensible, los jefes de Gobierno se han implicado personalmente con singular empatía en la vuelta a las salas tanto en la reapertura inicial como frente al nuevo curso. Angela Merkel, Giuseppe Conte, Enmanuel Macron, Antonio Costa y Boris Johnson han dedicado tiempo y entrevistas concretas a charlar de la educación en tiempos de coronavirus.

Desde este país y nuestra política, hierática, glacial, antipática, sorprende la naturalidad, trasparencia y humanidad con la que han expresado la relevancia de la instrucción, de la convivencia social para los pequeños, de la prioridad de la educación en las políticas de Gobierno, de la problemática de los progenitores que no pueden delegar el cuidado de los hijos para ir al trabajo, de soluciones, de ayudas, de ideas, de planes, de opciones alternativas, de la relevancia de que las escuelas estén en vanguardia tecnológica para encarar este reto. También se han referido al “dolor de cerrar las escuelas” y de qué manera lo encararon personalmente, del gran impacto social positivo que tiene regresar a las salas. Han visitado institutos y se han implicado directamente (y verosímil) con los estudiantes transmitiendo a las familias y educadores que no están solos, que sienten y comparten esta situación traumática con ellos. Y han afrontado críticas a su administración personalmente, con liderazgo y osadía.

Autoritarismo y libertad

Boris Johnson ha mencionado al “deber moral”y “national priority” de que los pequeños “vuelvan a los institutos tras meses sin una educación presencial”. Apelando a una especie de conciencia moral colectiva  explica que la instrucción es irremplazable mas asimismo explica la “espiral de costes económicos inasumibles de  padres y cuidadores que no pueden acudir al trabajo”; pese a su discutida administración a veces y de que se nos muestre una versión mediática siempre y en toda circunstancia histriónica, alguien como que ha estudiado en Eton y en el Balliol College de Oxford, sabe argüir en un país serio que valora la cultura, la economía y la libertad y desdeña el autoritarismo.

España desconcertada: datos y mensajes atemorizantes por todas partes, la increíble equivalencia en las informaciones entre PCR positivas, contagiados y enfermos está aterrorizando a la población; ya da lo mismo que en letra pequeña se propaguen los nuevos hospitalizados y los nuevos fallecidos desde el desconfinamiento. Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Portugal llegan a pactos con grandes laboratorios o bien lideran con sus Universidades, sus científicos, sus empresas, sus laboratorios, las investigaciones de la vacuna. Pfizer, Astra Zeneca, Moderna Therapeutics se comprometen con la entrega de millones de dosis de vacuna para ingleses, franceses, italianos, alemanes, portugueses.

En un país en el que se abrieron los bares, mas no los institutos, no hay llamada o bien voz pública que defienda los valores del trabajo para regresar a la presencialidad, imprescindible en millones de puestos prácticamente cerrados, no digitalizables. Gran una parte de la población ya ha asumido el enorme mensaje: la calle es insegura, los espacios públicos son inseguros, el trabajo es inseguro, el contacto humano es inseguro, y ahora ya vamos a por lo único que estaba fuera de este brote psicótico atemorizado en que se está transformando España: la educación.

Los profesores no desearán ser los mártires y familias objetoras van a preferir el homeschooling, (escolarización en casa) que demanda extensa supervisión institucional, el día de hoy no disponible

Si se prosiguen considerando los centros de educación prácticamente como cilindros negros de carga viral apocalíptica a los que se lleva a profesores y pupilos a la guerra bacteriológica sin que se contrarreste esta visión, va a haber que responsabilizarse de las consecuencias y gestionarlas: los profesores no desearán ser los mártires y familias objetoras van a preferir el homeschooling, (escolarización en casa) que demanda extensa supervisión institucional, el día de hoy no libre. Horizonte conflictivo. En la Constitución la educación es un derecho esencial y la escolarización básica es obligatoria y gratuita, mas no fuerza a un sitio específico para esto.

España está descubriendo con la crisis sanitaria que delegar en las Comunidades Autónomas educación a la carta por territorios (acabará en acortar currículos, calendarios, jornada, horarios, materias), es un escapismo político insuficiente: que hay una responsabilidad nacional. La gente común desea algo más relevante, una política nacional clara, alén de las toqueteadas mascarillas y distancias.

Será bastante difícil escapar de la Constitución (Art 149.1.30) que atribuye al Estado responsabilidad exclusiva sobre “las condiciones de obtención, expedición y homologación de títulos académicos y profesionales”. Si ocurre, va a haber consecuencias para el país, si bien en esta España política, todo se acepte en silencio indiferente o bien con indignación contenida.

 Si España no es capaz de regresar de manera segura y dignidad a las salas, no volverá tampoco a la vida real.

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