Saltar al contenido

En las fauces del déspota

8 noviembre 2020
En las fauces del tirano

El totalitarismo es como el fuego: una vez brinca la chispa debe apagarse cuanto antes pues, si prende la llama, se extiende veloz el incendio, dejando tras de sí las cenizas de nuestras libertades y derechos. ¡Qué bastante difícil es que florezcan nuevamente en tierra quemada!

Hay ilusos que caen en la tentación de nutrir las brasas del poder con leña para resguardarse al calor de la fogata, puesto que les da una falsa sensación de seguridad. Otros sencillamente son pirómanos ofuscados con el poder que experimentan al ver el planeta arder.

Algunos de los contrapesos del Estado democrático y de derecho actúan como cortafuegos -los procedimientos, las formalidades- al tiempo que otros vendrían a ser como un retén de bomberos, cuya función es apagar el incendio antes que esté fuera de control: los jueces, jueces y fiscales que integran el Poder Judicial.

En la concepción idealizada de las democracias liberales, la prensa se concibe como una alarma de incendios, que continúa vigilante y pone en alarma a los contrapesos cuando divisa el humo. Pero esto es en la teoría, pues en la práctica son demasiados los medios que, o se tapan la nariz para no reconocer el fragancia a quemado, o bien de manera directa se dedican a incitar las llamas de las hogueras gubernamentales. Aun de esta manera, los medios prosiguen jugando un papel esencial en nuestras democracias. Tanto es conque una de las primeras libertades que muere devorada por el fuego de la tiranía es la de prensa.

Se trata de producir muchos focos al tiempo a fin de que ni la prensa que debe hacer saltar las alarmas, ni los jueces y tribunales que deben extinguir las llamas, puedan centrarse solo en uno

Todos los gobernantes sienten la atracción del poder absoluto, pues es hipnotizante y seductor, como el fuego. Al final de su orden las marcas de las quemaduras continúan perceptibles. Pero cada cierto tiempo, aparecen sátrapas que no solo no temen abrasarse, sino aspiran a supervisar las llamas y dirigirlas contra todo lo que les dispute el gobierno absoluto. El ataque al poder de estos dictadores pocas veces es consecuencia de una enorme explosión, sino viene de la mano de múltiples incendios provocados. Se trata de producir muchos focos al tiempo a fin de que ni la prensa que debe hacer saltar las alarmas, ni los jueces y tribunales que deben extinguir las llamas, puedan centrarse solo en uno. Aunque consigan sofocar alguno, la probabilidad de que uno de los incendios acabe fuera de control y asuele con todo es muy alta.

A estas alturas del artículo, muchos ya habrán llegado a donde les quería llevar: a que esta es justo la estrategia que sigue el Gobierno de alianza Partido Socialista Obrero Español-Podemos desde hace muchos meses. Donde ciertos solo ven una yuxtaposición de escándalos o bien distracciones, solo veo fuego. Es cierto que en ocasiones, tras la gran columna de humo, solo se oculta una intrascendente hoguera, mas otras, la fogata ha alcanzado ya tal magnitud que las llamas están devorando el bosque institucional, como ocurre con el nombramiento de Dolores Delgado como Fiscal General o bien con la prórroga de 6 meses del estado de alarma.

Tres incendios simultáneos

Mientras esos fuegos arden, ya hay nuevos focos activos: el ataque al Poder Judicial a través de el cambio del sistema de mayorías para nombrar a los jueces y jueces miembros del CGPJ, la eliminación del de España como lengua vehicular del Estado en la vil y sectaria Ley Celaá de educación, o bien la creación de un comité contra la desinformación. Es posible que no prendan los 3, cuando menos al unísono. Pero con que uno de ellos lo haga, sería suficiente. Los medios se habrán centrado en otra cosa y las mangueras de los tribunales ya van a estar vacías cuando se encaren al incendio.

El Gobierno sabe a la perfección que la supresión de la mención al de España como lengua oficial no supera el filtro de constitucionalidad. Pero mientras que el TC no intervenga, sus asociados independentistas de ERC lo van a poder emplear como publicidad electoral en los próximos comicios catalanes. Usar la legalidad como moneda de cambio en negociaciones políticas no es nada nuevo, mas sí la situación del Gobierno en el lado del tablero: hasta el momento, el Ejecutivo conseguía concesiones de los nacionalistas a cambio de no recurrir las reglas autonómicas inconstitucionales. En este nuevo escenario, es el Gobierno el que aprueba reglas expresamente contrarias a la Constitución para favorecer al independentismo, a cambio de su apoyo a los presupuestos.

Lo que más me llama la atención sobre este particular es su intento de protegerse tras una suerte de demanda o bien orden de la Unión Europea, algo que no es cierto

Luego está la creación por Moncloa de un comité para observar a los medios y también imponerles una verdad institucional. Lo que más me llama la atención sobre este particular es su intento de protegerse tras una suerte de demanda o bien orden de la Unión Europea, algo que no es cierto. El Gobierno motiva la necesidad de crear el comité con fundamento en 2 planes de acción: uno aprobado en el mes de diciembre de 2018 con el propósito de combatir las campañas de desinformación de cara a las elecciones europeas de 2019 (singularmente las procedentes de terceros países, como Rusia) y otro llamado “European Democracy Action Plan” que ni tan siquiera tiene aún el visto bueno de las instituciones de la Unión Europea por las dudas que provoca su encaje legal.

Así que la propia creación de este comité con sede en Moncloa es el mejor ejemplo de esa desinformación que afirman que pretenden perseguir, pues las razones en las que se sosten su fundación son falsas.

El instante escogido tampoco es baladí: han aguardado para arrancar el mentado comité gubernativo a que se aprobara la prórroga del estado de alarma. Sí, esa que proporciona al Ejecutivo un poder prácticamente omnímodo para limitar derechos y libertades a lo largo de nada menos que 6 meses.

Ninguno de estos planes europeos habilita a Moncloa a desplazar los hilos de la prensa patria (más de lo que lo hace) para dirigir la información y supervisar de esta manera nuestro pensamiento

En cuanto al contenido de los dos planes europeos, hay que decir que dejan bastante que querer. Ponen de manifiesto que en la Unión Europea hay bastante gente bien pagada, con demasiado tiempo libre, desapegada del planeta real y ignorante de las implicaciones jurídicas que acarrean la puesta en práctica de sus propuestas. En los textos podemos hallar recurrentemente esa terminología melosa de la que tanto agrada Su Persona, como la palabra “resiliencia”. Porque Pedro va a ser muy guapo, mas poco original.

De todas y cada una formas, ninguno de estos planes europeos habilita a Moncloa a desplazar los hilos de la prensa patria (más de lo que lo hace) para dirigir la información y supervisar de esta manera nuestro pensamiento, que es lo que realmente se pretende con la orden ministerial. Esto no va de pelear contra las fake news, sino más bien de institucionalizar una verdad gubernativo que no acepte réplica.

Las flagrantes mentiras

Para iniciar, el Gobierno se confía a sí mismo, y más específicamente al gabinete de la Presidencia dirigido por Iván Redondo, el “examen de la libertad y el pluralismo de los medios de comunicación”. Sánchez ha encargado a quien glosa, empaqueta y extiende sus proezas al frente del Gobierno el hacer catas en prensa, radio y T.V. para decidir cuales colman los criterios de pluralidad gubernamental. No se le debe haber ocurrido absolutamente nadie más independiente y también indicado para este cometido que su estimado Iván.

Otra de las funciones de este organismo gubernativo va a ser respaldar el promuevo de la “información veraz, completa y oportuna que provenga de fuentes contrastadas de los medios de comunicación y las Administraciones en el marco de la comunicación pública”. Les confieso que si no fuera tan grave me daría la risa. Los mismos que afirmaban que en España no habría más que uno o bien 2 casos de coronavirus, que engañaron sobre la necesidad de llevar mascarilla pues carecían de existencias, que escondieron impúdicamente decenas y decenas de miles y miles de fallecidos, que se idearon un comité de especialistas, que aseveraron haber prohibido el despido, o bien que aseguraron que el estado de alarma era preciso a fin de que no decayeran los ERTE. Estos, justo estos, decidirán que información es veraz, completa y oportuna.

No se puede “salir a pescar” infracciones o bien delitos ni someter a los ciudadanos a investigaciones basadas en la pura apariencia

Por si fuera poco, no les duelen prendas el plasmar de manera expresa en el texto de la orden que para acometer sus objetivos van a controlar las redes sociales. Algo que hicieron a lo largo del primer estado de alarma, cuando Marlaska anunció que se procuraban alegatos que pudiesen ser potencialmente peligrosos o bien delictivos. Hasta preguntaron en el CIS por este motivo todavía sabiendo que las investigaciones prospectivas están vedadas en nuestro ordenamiento jurídico: no se puede “salir a pescar” infracciones o bien delitos ni someter a los ciudadanos a investigaciones basadas en la pura apariencia. Pero les da todo igual.

Saben bien que existen muchos ciudadanos a los que esta “cara A” del texto de la orden les suena hasta bien: “¿Es que acaso eres partidario de los bulos?”, preguntan ciertos satélites mediáticos mientras que te apuntan con el dedo índice inculpador. Mientras pensamos la contestación, distraen nuestra atención de lo que se nos oculta en la “cara B”, que no es otra cosa que la censura. Porque si Redondo decide que no superas el examen gubernativo de pluralismo, veracidad o bien ocasión, bien sabes lo que te espera. Es el Gobierno y solo el Gobierno, por medio de diferentes organismos, el que toma la resolución sobre su finalización, conforme la orden. Y todo ello sin que en el proceso deba intervenir ningún otro agente alén del propio comité, pues el Ejecutivo se ha reservado la posibilidad de pedir la cooperación de los medios, las plataformas digitales, el campo tecnológico y demás si lo considera preciso y oportuno. Pero como una potestad, nada de obligaciones. Las resoluciones discrecionales como sello de distinción de la ‘pedrocracia’.

Sólo espero que estas llamas no terminen transformándose en la pira funeraria en la que arda nuestra maltrecha democracia, si bien ciertos ya están bailando en torno a la fogata, festejando el ritual que adelanta el advenimiento de un nuevo régimen. Dicen que tras el fuego purificador que asuela nuestro Estado de derecho ya se puede intuir el semblante del comunismo afable del que tanto charlan los intelectuales, ese que hasta el momento ningún líder ha sabido ejecutar bien. Pero cuando se despeje el humo, van a ver que lo que las cenizas esconden son las fauces del déspota.

A %d blogueros les gusta esto: