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El suicidio de Barcelona

12 septiembre 2020
El suicidio de Barcelona

La única idea razonable que ha parido la Alcaldía de Barcelona en su despreciable reinado es la de encargar el pregón de la Mercè -patrona de la urbe- a un payaso. Se llama Jaume Mateu y su nombre de guerra es “Tortell Poltrona”. Nada más conveniente al instante de tristeza y desánimo que esta aportación circense que encabezará la alcade Ada Colau en unos días. Ayer tuvimos Diada, pronto va a llegar la Mercè. Una celebración permanente en una urbe que, tras pegarse múltiples disparos en el pie, semeja abocada a descerrajarse la sien. Voluntariamente, como corresponde al derecho a tomar decisiones de quienes han llegado al poder a codazos y se sostienen a mamporros.

¿No jaleaban contra el turismo rompedor de la plácida vida urbanita de quienes gozan de segunda vivienda? Pues ya no hay turistas y tampoco claman por que vengan, por mucho que la quiebra económica haya dejado a la urbe en ruinas. Aquí el coronavirus llegó ya antes que la pandemia. Se le ha alimentado repartiendo los fondos entre los integrados. ¡Quién nos iba a decir que el lado práctico de aquel libro sarcástico del primer Umberto Eco, que tanto dio que charlar a la inteligencia premoderna de los sesenta, que llevaba por título ‘Apocalípticos y también integrados’, se iba a consumar en Barcelona!

Por aquellas datas se distinguía la urbe por determinada luz, apenas resplandores, mas atractiva pues España, y muy específicamente Madrid, tenía la grisura que esparce el cielo estresante de la mediocridad del Franquismo. Duró lo que duró, apenas una década, un embeleco del que ciertos viven aún; los fondos de la inteligencia prosperan cuando están bien puestos en esa bolsa de cotizaciones que es la subvención. La gente común acostumbra a juzgar las llamadas Exposiciones Universales por las atracciones y la gracia, absolutamente nadie acostumbra a detenerse en lo que reparten en “picos, palas y azadones”, en lo que revierten con la creación de multitud cargos, carguitos, asesorías, accesorios y demás chamarilería que transforman a los empleados en adeptos. Nadie, que sepa, hizo jamás cómputo de las partidas que produjeron los Juegos Olímpicos del 92. La cara “b” es más desconocida para nosotros que la oculta cara de la luna.

Jordi Pujol no fue el abuelo pulguillas, sino más bien el hombre más corrupto que nunca gozó de tanto poder en Cataluña. Modelo de doblez y de cinismo

Los que vivimos en Barcelona no estamos encerrados en una burbuja, sino más bien en un sótano donde de cuando en cuando aparecen los espectros. Esta urbe, que siempre y en todo momento fue de la luz y jactanciosa de su liberalidad, ahora se enseñorea en los siniestros posos de la xenofobia y la prepotencia. Por mucha que sea la trayectoria de corrupción institucional del Partido Popular o bien del Partido Socialista jamás se había alcanzado la categoría de ser regidos por una familia mafiosa. Lo hemos conseguido y todavía pasean su palmito.

Decir Pujol no es una falta de respeto ni un insulto o bien cuando menos una palabra vedada; al revés, es el padre de las mesnadas que ahora se disputan el poder. Jordi Pujol no fue el abuelo pulguillas, sino más bien el hombre más corrupto que nunca gozó de tanto poder en Cataluña. Modelo de doblez y de cinismo. Como los grandes capos sicilianos, atento devoto de cuanta tradición religiosa, católica y catalana se le pusiese delante. Pecaba mucho, me consta, mas se arrepentía impulsado por el servicio a Cataluña. A esta porquería política, taimada y curtida, le debe Barcelona, distintivo del país, la inclinación al suicidio voluntario. ¡Es de los nuestros! El más primordial de todos, al que no cabe atribuir ninguna maldad innata ni otra ambición que el poder para sí y para su familia. ¿Y los secuaces? ¿Cuál de ellos tuvo cuando menos un ademán de honor o bien de vergüenza? Se conforman, como los sicarios, con escaquearse. “También roban los otros”. Cuando declaró frente al Parlament por sus desmanes, la presidente de la Cámara le invitó anteriormente a comer, como se haría con Don Vito o bien Provenzano.

Caminar por Barcelona ahora es caminar por una urbe herida de muerte. No son solo los locales cerrados, o bien conminados por la inminencia de su final, es asimismo la conciencia de que hay distritos vedados donde la alcade y sus aconsejes no van a pisar jamás. Antaño se llamó Barrio Chino, donde ahora no hay chinos tan tontos para meterse en ese resto del páramo, imperio de mafias de menor cuantía y alto peligro. El Raval le afirman ahora, o bien le afirmaban, pues ya se cuenta por calles donde llevar un Rolex es como una sentencia, y el menudeo de la droga se ha hecho tan común que lo bastante difícil es dónde adquirir pan o bien tomar una cerveza, mas buscar maría o bien farlopa está al alcance de todos y cada uno de los bolsillos que puedas arramplar.

Cuando el Partido Socialista de Cataluña tenía la ambición de ser protagonista de algo similar a un cambio hubo una concejal, Itziar González, que se planteó sanear El Raval. No solo la conminaron de muerte, si no que asaltaron su casa y pusieron coste a su débil figura. Su propio partido se quejó de excesos puritanos y la abandonaron a su suerte, esto es, la sentenciaron. Tuvo que irse fuera y todavía el día de hoy sus compañeros cubren de silencio aquella complacencia mafiosa. Por eso baila Miquel Iceta, y pasean el otrora radical José Zaragoza y Narcís Serra, el rey de los sobresueldos. No bajan ni con escolta a eso que llaman “el lado mar” de las estribaciones del Ensanche.

Si alguien piensa que el suicidio de una urbe deja vivir más holgados a los supervivientes, se equivoca

Ha pasado inadvertido que el president Torra programe clases de islamización en las escuelas catalanas. Tantos años pidiendo que la religión saliese de los templos laicos que forman la enseñanza pública y ahora además de esto el Islam. Quizá ven ahí un caladero de votos de la misma manera que Jordi Pujol favorecía la emigración musulmana pues no tenía poso de lengua española.

Si alguien piensa que el suicidio de una urbe deja vivir más holgados a los supervivientes, se confunde. Una muerte voluntaria nos interroga a todos y más ahora que los animosos independentistas de otrora han descubierto que sus intereses pueden irse al garete en el caos que nutrieron. Uno de esos barómetros del oportunismo intelectual, al que conozco desde 1976, Josep Ramoneda, ya lo apunta al referirse al “camelo de la redención patriótica”. Cabe la duda de si se refiere a Vox o bien a quienes como formaron una parte de la lista electoral de la CUP rompe bicis. Un pistoletazo para el suicidio y otro para abrir la carrera de la “nueva normalidad” política. Con razón el escritor del ambiente barcelonés Javier Pérez Andújar escribió con destructor sarcasmo: “Van 5 consellers de Cultura en 4 años. Ya no hacen electrodomésticos como los de antes”.

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