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El coronavirus ahoga al comercio en el epicentro de la pandemia

18 octubre 2020
el coronavirus asfixia al comercio en el epicentro de la pandemia

A las puertas del Real Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid, convergen -o bien divergen- todos y cada uno de los caminos: en el quilómetro cero que se sitúa precisamente en la Puerta del Sol, raras veces tan sombría como ahora. Desde este corazón de la capital, epicentro de la pandemia, diez calles pararán hasta los límites de uno de los países más azotados por el coronavirus, ahogando al comercio de la zona, augurando la debacle económica que se cierne sobre España.

El paisaje de las calles del casco histórico de Madrid se está transformando en una sucesión de locales vacíos, persianas echadas y carteles. “Se alquila”. “Se traspasa”. “Se vende”. “Debido al decreto de estado de alarma, nos vemos obligados a cerrar. Esperamos volver a atenderles lo antes posible». “Disponible”. “Liquidación por desesperación”. “¡¿Este también ha cerrado?! Madre mía…”, lamenta un vecino a su paso por las proximidades de la Plaza Mayor, que ha pasado de ser uno de los entornos más arquetípicos y frecuentados de la capital a ser un espacio; a secas. Si no estuviese pavimentada, sería un yermo.

La Asociación de Comerciantes de la Plaza Mayor alarma de una caída de la facturación de un 75%. Es el dato “no oficial, aunque sí real” que barajan. “Para el comercio del entorno, es como si estuviera cerrado”, advierte en declaraciones a Vozpópuli el presidente de la asociación, Rafael Molina, algo que atribuye “no solamente a la pandemia”, sino más bien asimismo a otras circunstancias la “gravísima destrucción del tejido empresarial” -descosido, más bien- en las proximidades. Y pese a la mejora de los datos de incidencia del virus en Madrid, el estropicio va en incremento y lo padecen en primera persona quienes día tras día se atreven a abrir su negocio con el peligro de no ingresar ni un euro.

En la Gran Vía «ya no se vende nada»

Ya no se vende nada… Se comprarán al Primark, a El Corte Inglés… Pero el pequeño comercio, nada, se ha hundido completamente”, expone Luis, el dueño de uno de los pocos establecimientos dedicados a souvenirs en la Gran Vía, lugar desde donde critica contra los gobiernos: el de Zapatero y el actual: «No hacen nada». Sus ventas han caído prácticamente al 100%, si bien debe «paga y abonar y abonar». “O sea, una mierda”, remacha dentro de su estrecha tienda, entre figuras de flamenca, llaveros de Madrid y todo género de objetos con la bandera de España.

Luis, propietario de una de las últimas tiendas de souvenirs que permanecen abiertas en la Gran Vía de Madrid.

Donde ya antes había postales, ahora cuelgan mascarillas. Es el producto que se han visto forzadas a ofrecer muchas de estas tiendas. Algunas es lo único que venden ya. Pero ni las mascarillas salvan a los comercios de esa otra pandemia que es la crisis económica. Los maniquíes sin oficio se agolpan dentro de los escaparates de los pasajes, en los que Madrid no es un ajetro de paseantes. Entre el vaivén de peatones, resulta extraño ver a un turista. Es prácticamente tanto como hallar a alguien de compras, bolsa en mano.

Entre el vaivén de peatones, resulta extraño ver a un turista por las calles de Madrid. Es prácticamente tan extraño como hallar a alguien de compras, bolsa en mano

Llevan ya el sobretodo. A falta de prácticamente un par de meses para el invierno, todos temen la avenida del frío y un posible confinamiento que sería mortal para trabajadores por cuenta propia o bien extraña. Los empleados de una famosa franquicia que ha clausurado su en el centro local en Gran Vía se conforman con los meses de paro que les quedan. Prefieren preservar el subsidio a perderlo por trabajar unos días en la campaña navideña: «Es lo mejor».

Multitud de comercios de la Gran Vía de Madrid están cerrando como consecuencia del impacto del coronavirus.

La Asociación de Comerciantes de la Plaza Mayor apunta, entre otras muchas razones alén del coronavirus para explicar este desastre económico, a “la dificultad que genera ir al centro”, “las obras en la calle Bailén o la Gran Vía” o bien el cierre al tráfico en la Puerta del Sol. “Esta zona está especialmente afectada, no ocurre en otros distritos … El que no está cerrado, está intentando mantener su actividad”, lamenta, preguntándose “si lo temporal se acabará convirtiendo en definitivo”. “La previsión es aguantar lo que se pueda y durante el tiempo que se pueda”, destaca ya antes de solicitar a las administraciones un plan con el que no cuentan, mas aguardan.

«La cosa está jodidísima, me ha bajado prácticamente un 100% la clientela»

“La cosa está muy jodida”, reconoce Fernando, uno de los 2 lustrador a pie de la Gran Vía, donde trabaja desde hace 4 décadas: “Me ha bajado casi un 100% la clientela”. Cuenta que ya antes tenía veinta clientes del servicio al día. Ahora, un par, con suerte. «Se conoce» que su público objetivo son personas mayores que se han contagiado del temor al virus: «Les ha dado pavor». Y entonces empiezan a meditar sobre el posible origen del virus en un laboratorio chino.

Fernando trabaja como limpiabotas en la Gran Vía de Madrid desde hace cuatro décadas.

«Lo del coronavirus son cuentos, no me los creo», zanja a pocos metros el dueño de una tienda de arte en la calle de los Libreros, donde es el único sin mascarilla. Acata las reglas, afirma, mas no las admite «pues hay que vivir»; tras todas y cada una de las muertes. En la inmensidad de Madrid, prácticamente no queda hueco para el negacionismo: hasta Don Quijote lleva cumple con las medidas de seguridad para resguardarse del virus.

En Madrid, hasta Don Quijote lleva puesta la mascarilla para protegerse del coronavirus.

Quizás por el anhelo de guardar las distancias, tampoco se ven las frecuentes colas para hacerse con un pedazo de ilusión en la administración de lotería Doña Manolita. Su encargada, Concha Corona, cuenta que «la bajada de ventas es muy, realmente fuerte» ahora, «si bien haya mucha falta de suerte». «Antes teníamos fila, y no tenemos», lamenta Corona: “La gente está muy reticente a venir al centro… Lo notas en el resto de las tiendas, es que no hay afluencia de público”. Ni local ni extranjero.

En Madrid tampoco se ven las frecuentes colas de ilusionados prestos a aguardar para hacerse con un pedazo de ilusión en la administración de lotería Doña Manolita

Las limitaciones por el coronavirus han llevado al turismo prácticamente a su extinción en la urbe de Madrid. Son una minoría absoluta los hoteles que sostienen la actividad, y los que lo hacen se han visto obligados a amoldarse, aun a ofrecer sus habitaciones para ser alquiladas como oficinas. Todo vale en un campo que se hunde a raíz de la pandemia: 2 de cada 3 establecimientos hoteleros de Madrid se hallan cerrados

«Me siento la única turista en Madrid ahora», asevera Teresita, una cronista proveniente de Austria, impactada por el contraste entre la urbe que conoció y la que se ha encontrado en este viaje -por motivos laborales- a España: «Sinceramente, respecto a la última vez que la vi, está muy vacía… Todo está muy vacío, todo es muy riguroso…». Pese a las restricciones, esta austriaca estima que «España lo hace bien»: «Las cosas están mejor de lo que se escucha en Europa».

La vida se abre paso entre locales cerrados en el centro de Madrid

Prácticamente, solo los grandes guardes sostienen el brillo de sus lumínicos, soportando una crisis que ha borrado del mapa muchos de los pequeños comercios, excepto los que están asentados, y ni eso. Establecimientos míticos como El Tigre o bien el Museo del Jamón asimismo han desistido. En el centro cierran hasta los tradicionales restoranes expertos en bocadillos de calamares.

El Tigre ha tenido que cerrar uno de sus restaurantes tras la primera oleada del coronavirus.

En una urbe donde lo atractivo es no pasar inadvertido, a absolutamente nadie se le escapa la pena que anega el centro. A pesar del lúgubre espíritu que recorre la urbe, la vida se abre paso entre locales cerrados, negocios que liquidan sus reservas y otros que prácticamente sin público soportan el impacto económico de las medidas de limitación por un virus que ha puesto en alerta a todo el planeta.

Las gitanas de Sol todavía ponen el romero en manos payas, las parejas se abrazan con más fuerza y las putas prosiguen aguardando en las esquinas de Montera

Las gitanas de Sol todavía ponen el romero en manos payas, mas ya sin extranjeros a los que leerles el futuro, si hay, por un justiprecio improvisado. Las parejas se abrazan incluso más fuerza al atravesar Preciados. Los mayores festejan cada rencuentro mientras que los pequeños continúan extraños al desastre económico que se cuaja a su alrededor: ni indicio del Pato Donald, Mickey Mouse, Bob Esponja, Hello Kitty o bien el ‘Spiderman gordo’ de Plaza Mayor. Allí donde los caricaturistas ya no pintan nada, pues no tienen a absolutamente nadie al que dibujar.

La Plaza Mayor de Madrid, prácticamente desierta como consecuencia de la pandemia.

Hay cosas que ni una pandemia puede mudar. Los ‘compro oro’ siguen chillando su oficio a los 4 vientos, mas cada vez son menos los que están prestos a deshacerse de uno de los metales más preciados: “He llegado a la conclusión de que la gente no tiene oro, o lo tiene bien guardado”, comentan. Entretanto, las putas prosiguen aguardando por las esquinas de Montera a hombres que tardan más que jamás en llegar, si lo hacen. En la nueva normalidad, tampoco todo iba a ser joder.

Una pareja pasea por la Gran Vía de Madrid.

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