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El año enorme

18 diciembre 2020
El año monstruoso

Enero entró como un mal presagio del año que estaba por echársenos encima. Tras una sesión de investidura precipitada, esperpéntica y excesiva (¡cuánto lloriqueo y bronca juntas en una misma viaje!), poco faltó para que la desfile de Reyes se celebrara en la carrera de San Jerónimo. Pero Pedro Sánchez consiguió su investidura in extremis con las abstenciones de ERC y Bildu, encima del apoyo de Podemos. Le amargaron el roscón y el chocolate a unos cuantos, y acabaron por convertir el Gobierno en un pesebre para nacionalistas y demagogos, mientras en Wuhan alguno se antojó de sopa de murceguillo

Faltando poco para unas fiestas navideñas sumidas en la quebranto anímica y económica, conviene consagrar La Polaroid de la semana al peor año en décadas: un 2020 traumatizado por una pandemia de coronavirus a la que ni los gobernantes tomaron en serio cuando se supo de ella y que llegó, funesta, a un contexto político presidido por el primer Gobierno de coalición de la historia. Quien escribe estas líneas semana a semana, cerrará la persiana por las fiestas. El año ha sido abundante y duro, con ‘Diario de la cuarentena’ incluido (100 días seguidos), y hasta la reverso en enero conviene retratar un 2020 que parecerá idílico comparado con lo que ocurrirá económica y socialmente en 2021.

Hay quienes todavía hoy se resisten a emplazar Frankenstein a la coalición del ‘Gobierno progresista’ porque el monstruo de Mary Shilley les cae simpático. Pero una cosa no anula a la otra, porque poco aberrante rige el cuerpo de este Ejecutivo prorrateado con 22 ministerios. Para hacer funcionar ese Gobierno contrahecho, incluso a costa de la ley y la Justicia, cada semana, el presidente Sánchez se mete al quirófano para remendar con hilo sus variopintos pellejos: negociaciones que parecen genuflexiones, embestidas contra la separación de poderes y la presidencia del Estado y una pulsión de propaganda que oculta los problemas y tergiversa hasta las víctimas totales por coronavirus en España. 

Con los Presupuestos aprobados, Sánchez prepara el oro, el incienso y la mirra para remitir a Galapagar, Lledoners y Euskalerria

No alcanzaría todo el carbón de las minas de Asturias, Aragón y Castilla, aunque las reabrieran, para castigar lo que el presente PSOE ha hecho con España durante todos estos meses y lo que pretende hacer con lo que quede de ella: no sólo ha hipotecado la investidura y los Presupuestos con los favores de secesionistas y convictos, además ha cedido a la repertorio de la negocio de cada uno. Habrá que inventarse un profesión para colocar a la clase política alimentada por el sanchismo: una mezcla del esperpento de Valle-Inclán, el Rinconete de Cervantes y los infantes de Carrión.

Con los Presupuestos al fin aprobados y a la prórroga de los fondos europeos, Sánchez prepara el oro, el incienso y la mirra para remitir a Galapagar, Lledoners y Euskalerria. Los turrones que los ponga otro y puntual por eso muchos temen que sea el rey emérito el que venga, desde Emiratos, con un Jijona bajo el bienhechor. Cuando está a punto de ponerse colorado la cuarta vela de las coronas de Adviento, el resto de los ciudadanos se endereza la de sufrimientos que ha supuesto el año covid y la que le aprieta la frente a Felipe VI ahora que el Gobierno se propone asaltar La Zarzuela como si del Palacio de Invierno se tratara (Enrique Santiago dixit).

Vendrá el 2021 empujado por una tercera ola y envuelto en el estilismo sábana de las instituciones. Que Dios nos agarre confesados y vacunados, y ni eso garantiza cero. Es posible inmunizarse contra la covid-19, faltaría conocer si funciona con los populismos, vengan de donde vengan. 2020, de la sopa de murceguillo al caldo de porrusalda.

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