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El año de todo

1 enero 2021
El año de todo

El comité a la carta de la Moncloa, designado por la Moncloa para evaluar a la Moncloa, ha hecho los deberes que para eso se crean los grupos a patrocinio: “Informe de rendición de cuentas del Gobierno de España”. Ni mucho ni poco, punto exacto de cocción, un guiso de puchero con sabor y fundamento. Las buenas viandas entran por los fanales. El menú aceptablemente presentado, con la loza de las excepciones, para seguir en la posterior ronda del concurso televisivo. Mantel y ostentación: “Cumpliendo”. Sánchez da más espectáculo que Raphael en concierto. Los profesores electos creen activo dejado a ileso su independencia de criterio evaluando el cumplimiento del software del Gobierno de coalición en el 23,4% en el primer año. No vaya a ser que lo del 25% quedara demasiado claro, va sin segundas, en centro de una afluencia que debería activo consumido todos los minutos de la diligencia de un Gobierno diseñado para otro tipo de cosas, a las que no ha renunciado, a pesar del drama del 20. El Gobierno de Sánchez-Iglesias vende sus logros como quien echa una mañana colocando el guardarropa con la nueva colección. No hay novedad en la praxis continuada y deliberada del marketing político. Los que se quejaban de que Rajoy tenía problemas de comunicación política saben que con el presente Gobierno hay saturación seguro, casi voracidad.

El noticia de los profesores, escogidos a dedo, debería haberlo hecho el Congreso. Ya nadie recuerda la última vez que hubo un Debate sobre el estado de Nación. El maestro Redondo prefiere la fanfarria. Si determinado quiere aprender en qué manos estamos que le eche un vistazo a la película sobre la campaña del referéndum (26-06-2016) que ha sacado hoy a los británicos de la Unión Europea, Brexit: una conflicto incivil, para confirmar cómo la política mutó en producto emocional.

Sigue la excepción de la señal con las 17 sanidades exhaustas, preparando sus sistemas para inocular las vacunas a los españoles mientras se confirma la tercera ola del virus

Por eso, hasta lo de Illa se ha decidido con el operación monclovita. En la campaña catalana, los votantes harán culo para las vacunas que anunció por Navidad el ya candidato socialista. Además ¡qué emoción! impuso la señal a la incómoda Ayuso del PP. Sánchez encarga un examen sobre su diligencia como si la forma de Gobierno en España fuera presidencialista a la francesa. El año se ha ido con la Corona rodeada de enemigos. Mientras tanto, sigue la excepción de la señal con las 17 sanidades exhaustas, preparando sus sistemas para inocular las vacunas a los españoles mientras se confirma la tercera ola del virus. Por lo menos en este caso no hay fronteras. Se nota que organiza la Unión Europea y no ha motivo al festival de compras autonómicas en las pistas de despegue de lejanos aeropuertos durante lo peor de la afluencia. Aquella fue una subasta de vergüenza ajena.

Sánchez y sus portavoces empiezan a señalar a aquellos que advierten de las consecuencias económicas de la crisis del coronavirus. Como en los tiempos de Zapatero, mientras se negaba la crisis, hasta medio centenar de veces, acusaban a los críticos de “antipatriotas”. La manufactura de mensajes (señor Redondo de la Moncloa) empieza a crear un estado de opinión contrario a todos aquellos que avisan, con los números en la mano, del camino inexacto de la política económica del Gobierno. El jefe del Banco de España, funcionario ejemplar, acabará tan vilipendiado como los fiscales del Supremo que no se apean del zopenco de la alzamiento. Se verá con el tiempo que no fue un sueño, siquiera el pronóstico de Hernández de Cos. El agujero de la deuda pública forma un socavón en la estructura de un Estado que vive asistido por el billete fresco y de lance del Banco Central Europeo. Las bodegas de la institución europea almacenan ya un 25% del total de lo que debe el Reino de España. A este ritmo, el papelito gachupin dejará de ser atractivo para los inversores privados.

Incremento del consumición

El euro es un paraguas de hierro que protege a España hasta que vuelva a salir el sol. Entonces habrá que mirar de frente a la verdad y decirle a los españoles que no solo con el incremento del consumición se arreglan los consolidados problemas de la riqueza española. Entre la Unión Europea y Sánchez se encuentra Iglesias que, con Podemos en período menguante, hará todo lo posible por defender su espacio, realquilando escaños a los independentistas. La congelación del salario insignificante, el aplazamiento sin momento de la derogación de la carta gremial del PP y el plan del ministro Escrivá para descabalgar las pensiones futuras agradan a Bruselas. El Gobierno juega con varias barajas. Sánchez necesita a Iglesias para conservar su poder tanto como el billete ordinario del BCE y el extra de la Unión Europea con el añadido navideño de las vacunas. El destilador del marketing político no va a dar abasto entre la omisión y la media verdad. Ya se sabe, aquí no ha pasado nadie. Aunque en 2020 ha empezado todo.

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