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Cuando la derecha tiene mano izquierda

10 septiembre 2020
Cuando la derecha tiene mano izquierda

Al final, el jogo bonito, las musas y las preciosas palabras se encuentran con la realidad. Y la estrategia política se antoja estéril cuando surgen aquellas pequeñas cosas que tanto poder tienen sobre nosotros: han sido las urbes las que se han plantado. “Hasta acá”, afirmaron los alcaldes: hasta el momento en que jugaron con las cosas de comer. Y han producido una sonora derrota al Gobierno de Partido Socialista Obrero Español y Podemos en el Congreso, pulverizando el decreto de remanentes municipales con el que Hacienda pretendía decomisar los ahorros de los municipios. Han sido 193 ‘noes’ a la propuesta de la ministra y portavoz María Jesús Montero. Ya quisiese el Gobierno semejante mayoría, de forma y de fondo, para sacar adelante los próximos Presupuestos. 

Se afirma pronto. La ocurrencia del Ejecutivo puso en fila india a alcaldes de Partido Popular, Ciudadanos, PNV, Adelante Cádiz, Compromís, ERC, BNG, JxCat y Coalición Canaria. Colau y Kichi a una con Almeida o bien Juan Mari Aburto. Todo un frente popular en sentido municipal, que no ideológico. “Transversal”, que se afirma ahora. El Gobierno, que pretendía ejercer como banquero de los municipios, asegura que no va a haber “segunda ocasión”, mas haría bien en tomar nota de lo que ha sucedido este jueves. 

Por múltiples motivos. El primero, que atañe de manera directa a los asociados de investidura de Sánchez, es lo justitas que están las lealtades en torno a Moncloa. Hay en el frente de los regidores iniciales presuntamente amigas que han probado que no siempre y en toda circunstancia se van a dejar sacudir. Los nacionalistas aproximadamente profundos, esos infieles compañeros de viaje -que se lo afirmen a Rajoy-, han remarcado que sus votos tienen un costo y que, para ellos, la chequera abierta y firmada con tinta fresca es imprescindible. 

No solo es un zasca puntual. Es un aviso serio. El Congreso no es el patio de la casa del Gobierno. Y se adivina un panorama diferente en el horizonte

En segundo sitio, porque el Partido Popular ha salido a anotarse el tanto. Viven un genuino chute de ética en plena explosión de Kitchen. Se atribuyen el origen de la revuelta contra Montero y la lenta cocción del acuerdo que ha tumbado el decreto. La derecha probó tener mano izquierda y saber pactar con los contrincantes políticos, con proyectos alternativos y a veces ofensivamente críticos con los populares. Una capacidad negociadora que al Partido Popular se le niega desde el Gobierno y sus terminales mediáticos, donde se caricatura todo cuanto no es palabra de Sánchez. Un cambio notable. 

No solo es un zasca puntual. Es un aviso serio. El Congreso no es el patio de la casa del Gobierno. Y se adivina un panorama diferente en el horizonte. Sánchez y también Iglesias navegan cara los Presupuestos y más allí. Eso sí, cada uno de ellos boga en una dirección: el presidente mira a Ciudadanos, como venimos contando en Vozpópuli, y el vice sospecha y tantea cualquier opción que no pase por el conjunto de Arrimadas.  Lo de ahora puede tener repercusión directa en el futuro: encarecer los presupuestos o bien influir en los recortes que se vienen. O bien dejar, de manera directa, una España ingobernable. Así de débil es todo. 

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