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América, dividida entre Trump y Biden, espera hasta el último voto

4 noviembre 2020
América, dividida entre Trump y Biden, espera hasta el último voto

Los especialistas y las encuestas volvieron a fallar de nuevo. El indefinible Donald Trump da la vuelta a los pronósticos y su populismo antiestablishment soporta hasta la recta final. Los americanos votan con el bolsillo y los Estados Unidos no son solo California o bien Nueva York ni la sociedad que nos presentan los grandes medios que detestan a Trump, salvo ciertas salvedades. La sociedad americana vuelve a mostrarse muy dividida entre las bases de Trump: blancos de zonas rurales, evangélicos conservadores, trabajadores de los suburbios y prácticamente una tercera parte de los latinos; y los votantes de Joe Biden: afroamericanos, universitarios, mujeres y una parte del electorado hispano.

Biden ya ha declarado frente a los suyos que no va a dar su brazo a torcer hasta el momento en que no se cuenten todas y cada una de las papeletas puesto que quien decide es el pueblo americano; y Trump ha tuiteado que le están procurando hurtar las elecciones. La declaración del presidente pone al país en un instante frágil a nivel institucional que podría derivar en enfrentamientos en la calle entre facciones partidarias de uno o bien otro aspirante. Si no hay un claro ganador probablemente haya que aguardar días o bien semanas hasta el momento en que acabe el escrutinio puesto que cerca de 100 millones de americanos ha ejercido el voto adelantado o bien lo han mandado por correo. Si hay disputas legales, van a ser los tribunales de los estados los que las resuelvan como ya ocurrió en 2000 con Bush hijo y Gore. El próximo 14 de diciembre deberán votar los compromisarios en el Colegio Electoral y el escogido tomaría posesión el próximo 20 de enero en el Capitolio.

Trump centró su alegato en la economía en vez de en el coronavirus. Hasta que llegó la pandemia, el desempleo era residual, había desarrollo económico y los sueldos de los trabajadores más humildes iban en incremento. Pese al descalabro de la administración de la covid-19, la promesa del aspirante republicano de recobrar la economía con menos impuestos salariales, la carrera por la vacuna y ser el aspirante de la ley y el orden que va a sostener la seguridad en las calles y que va a supervisar la inmigración ilegal; ha funcionado.

Coser las costuras de una nación

La división social, el racismo y la violencia, la crisis económica y de salud pública surgidas con la pandemia, la minoración de la confianza en las instituciones de la República y en la democracia o bien un planeta inestable y poco a poco más unilateral, son una parte de la herencia del primer orden de Trump. ¿Si gana el republicano, va a ser capaz de coser las costuras de una nación que ha desgarrado hasta extremos inesperados con su narcisismo patológico? No semeja simple, dada la situación de polarización en la que vive la sociedad de Norteamérica, que hay que reconocer que es precedente a Trump y no es más que su consecuencia. La imposibilidad de llegar a acuerdos entre republicanos y demócratas procede ya de la temporada Obama. El aspirante republicano no ha hecho más que acentuar esa tendencia con sus declaraciones extremistas y su incapacidad de regir para todos y cada uno de los norteamericanos. Una derrota de Biden no dejará restaurar la cultura democrática de Norteamérica, ese sistema de pesos y contrapesos, que ha desgastado Trump con su menosprecio por la verdad y el menosprecio a las instituciones que le controlaban, y que era admirada en el exterior como un ejemplo en defensa de la democracia y de los derechos humanos.

La imposibilidad de llegar a acuerdos entre republicanos y demócratas procede ya de la temporada Obama

EEUU es uno de los países más azotados por la covid-19. La administración de Trump en frente de la pandemia ha sido errática y deplorable con su oposición a los confinamientos. El coronavirus ya ha ocasionado más de 200.000 muertes y las críticas del presidente a los científicos han sido incesantes. Si gana Biden deberá regresar a incluir a su país en la Organización Mundial de la Salud y crear un programa nacional de rastreos.

Fuera de los Estados Unidos, la presidencia de Trump ha hecho un enorme daño al orden internacional liberal que brotó tras la II Guerra Mundial dirigido por los Estados Unidos. Instituciones como la Organización de la Naciones Unidas, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OMS o bien la OMC se han visto golpeadas por un presidente aislacionista que no semeja pensar en el multilateralismo. Tras la salida de Estados Unidos del pacto por el tiempo de París o bien del tratado nuclear con Irán, la confiabilidad y verosimilitud de la potencia americana están bajo el mínimo del mismo modo que su liderazgo internacional que día tras día es menor. La retirada de Norteamérica de las instituciones multilaterales, rebajando su financiación como en la OMS o bien impidiendo su funcionamiento adecuado como en la OMC, crea huecos que China no duda en ocupar para legitimar su sistema de capitalismo tecnológico déspota.

En un planeta en el que el ascenso del populismo déspota ha dado sitio al regreso de la geopolítica de la mano de China, Rusia o bien de Turquía; Washington en vez de sostener o bien crear nuevas coaliciones ha optado por el unilateralismo marginando a aliados como la Unión Europea o bien Canadá. La falta de compromiso con el artículo cinco de la Alianza asimismo ha obligado a que Europa invierta más en defensa y empiece a ser menos dependiente de Washington. La guerra comercial y tecnológica de Trump con China, ha dado sitio a un proteccionismo que asimismo ha perjudicado a una Unión Europea que busca su autonomía estratégica económicamente, industrial y tecnológico. Si Biden es el presidente, va a deber reconstruir el nudo transatlántico, si desea que Occidente robustezca la democracia en frente de la dictadura china. El miembro del Senado demócrata apostará por la vuelta al pacto de París para pelear frente al cambio climático, mas no semeja probable que reviva el pacto comercial USA-Unión Europea para el que no semeja haber hambre a los dos lados de atlántico. En cuanto al Brexit, Biden, por sus orígenes irlandeses, está a favor de sostener los pactos de Viernes Santo lo que implicaría que no haya fronteras entre las 2 Irlandas y un golpazo para Boris Johnson. Una nueva presidencia de Trump robustecería al primer ministro británico que espera firmar un pacto comercial con su aliado al otro lado del Atlántico.

Si Biden gana, tiene complicado enderezar el rumbo interno y externo de su país. Pero sería injusto atribuir solo a Trump la dirección que ha tomado la enorme potencia de Norteamérica. La Gran Recesión y la presidencia de Obama ya operaron un cambio que dirigía la mirada cara los inconvenientes internos; con fuerte cansancio por las guerras de Irak y Afganistán y el giro cara Asia en política exterior. Trump acentuó el ombliguismo de los EE.UU.; el resultado, salvo económicamente y ya antes de la pandemia, no ha hecho más que confirmar el declive de la potencia americana. La pregunta es si Biden o bien Trump van a poder eludir esa pérdida de hegemonía y conseguirán restaurar el sueño americano el liderazgo mundial del país.

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